Mario Vargas Llosa confiesa que siente el pánico de la inseguridad y todos los días se pregunta si ha tomado la decisión correcta. La literatura no tiene secretos para el premio Nobel. Pero el autor peruano rara vez viste la piel de un actor.
Vargas Llosa, de 78 años, sube a las tablas españolas para protagonizar su más reciente e inédita obra teatral, Los cuentos de la peste, que se representará en el Teatro Español de Madrid desde el 28 de enero hasta el 1 de marzo.
El estreno coincide con la publicación del libro homónimo (Los cuentos de la peste, Alfaguara), que salió a la venta esta semana.
Mario Vargas Llosa
Escritor
No es la primera vez que el escritor pisa un escenario, lo hizo otras veces en España pero participaba como un relator que leía parte de la historia. En 2011 actuó en el montaje de su obra Las mil noches y una noche en el Palacio de Bellas Artes de la Ciudad de México. En Los cuentos de la peste, inspirada en los relatos del Decamerón de Giovanni Boccaccio, Vargas Llosa retoma su faceta de actor.
"Para un escritor de ficción que se ha pasado la vida soñando historias, de pronto convertirse en personaje de una historia aunque sea por ese tiempo fugaz de una obra es una experiencia realmente extraordinaria", dijo Vargas Llosa durante la presentación de la pieza en Madrid. "Siento nervios, muchos nervios, terror, pánico, miedo... Me pregunto cada día si no ha sido una locura meterme en esto", añadió.
Vargas Llosa tampoco es el primer ganador del Nobel de Literatura que prueba suerte como actor. El dramaturgo italiano Dario Fo y el británico Harold Pinter lo hicieron en el pasado. Pero admite que sí está interesado en leer la opinión de la crítica sobre su papel y conocer la reacción del público. "Espero la reacción de la crítica, pero no es esencial", explicó. "Toda mi preocupación tiene que ver no solo con recordar (el texto), sino al mismo tiempo recordar las instrucciones del director, no desentonar con el trabajo de mis compañeros en el escenario y la enorme inquietud de no defraudar a los espectadores".
El humor, el amor y las relaciones entre las clases sociales son las claves de esta pieza que recoge la esencia del espíritu del Decamerón: la lujuria y la sensualidad exacerbadas por la sensación de crisis, de abismo abierto, de fin del mundo.
