Al cineasta británico Charles Chaplin se le recuerda como un personaje emblemático de la cinematografía internacional.
Su humor incólume, que contrasta con una fuerte crítica social, le ha dado notoriedad a sus obras en celuloide, que a pesar de los años, no pasan de moda.
A propósito de la cuarta versión del Festival Internacional de Cine de Panamá, y de la visita al istmo de su hija, la actriz Geraldine Chaplin, dos cintas originales del creador de las aventuras del vagabundo Charlot fueron proyectadas ayer en el teatro Anita Villalaz.
Carreras de autos para niños y El circo fueron los filmes elegidos por Geraldine Chaplin para mostrar en la velada gratuita durante el atardecer sabatino.
Grandes y chicos coincidieron en esta función, que sin complejos efectos especiales ni bandas sonoras demostró el avanzado sentido de la estética y puesta en escena del genio británico.
“A este hombre no hay que presentarlo”, fueron las palabras con que Geraldine Chaplin presidió la proyección, que se inició con el cortometraje Carreras de autos para niños (1914).
Más de una centuria ha pasado desde que esta secuencia fuera filmada en una playa estadounidense, en donde a la mitad de una carrera infantil Chaplin eligió estrenar su célebre personaje de bigotes, sombrero y bastón.
“Se rodó en 25 minutos”, explicó la hija del director, sobre las 20 tomas que componen esta historia.
Aunque breve, la pieza documenta las primeras reacciones de un público, entonces inconsciente, de que las artimañas de Charlot formaban parte de una pantomima registrada en 35 milímetros.
CINE MUDO
Hasta finales de la década de 1920, el cine mudo imperaba en el ámbito peliculero.
Aunque más de 90 años han transcurrido desde que ese género imperó en el cine, su gestualidad emblemática continua siendo una de sus características más recordadas.
Charles Chaplin lo sabía bien, en parte quizás por su vasta experiencia en espectáculos de music hall, que le permitió desarrollar destrezas grandiosas en el campo del histrión. Y como prueba de ello, descuellan cintas como El circo.
La película, estrenada en 1928, se presentó en la segunda tanda ayer en el teatro Anita Villalaz.
Su inicio arranca con un tema musical interpretado por el propio Chaplin (Swing Little Girl), mientras la co protagonista, Merna Kennedy, se balancea en un trapecio.
“La veo a menudo”, confesó Geraldine Chaplin, sobre esta trama circense de 700 tomas en blanco y negro.
El circo sobresalió como una película de éxito entre los cinéfilos de aquel entonces y le valió en 1928 un premio Oscar honorífico a Chaplin, responsable del guión, dirección y actuación del argumento.
Sin embargo, su producción representó un reto en la vida del artista, quien durante el rodaje tuvo que afrontar varias desgracias: un divorcio, el fallecimiento de su madre y un incendio en los estudios, que resultó una importante pérdida de la escenografía, según su hija.
Tras dos años de filmación, la película salió a la pantalla grande con un Charlot torpe y bonachón, que sin palabras cuestiona abstracciones sociales como el individualismo, la explotación laboral y la codicia.
Risas y peripecias le dan sentido a la cinta de 71 minutos, que sin la necesidad de una sola palabra, hizo empatía con un público istmeño contemporáneo y ajeno, quizás, a su época.



