Tras el reciente paso por el escenario panameño de dos imponentes compañías de ballet rusas con las obras La Bella Durmiente y El Lago de los Cisnes, el Ballet Nacional de Panamá sacó su cara más refinada en una gran gala celebrada en el teatro Balboa, la noche de este jueves 30 de junio.
Veintitrés jóvenes promesas, entre ellos 10 varones y 11 damas, mostraron sus cuidados movimientos en un espectáculo de aproximadamente dos horas para hacer evidente sus logros y desempeño.

“Hemos preparado este espectáculo con mucho cariño para ustedes” anunciaba Gloria Barrios, la directora ejecutiva de la compañía istmeña creada en 1972 como eje artístico del Instituto Nacional de Cultura (INAC). Confiada la directiva, ha contado con el apoyo del maestro y coreógrafo de origen checo Stanislav Feco, quien ha estado supervisando el desenvolvimiento y perfeccionando las líneas que exigen compañías de Rusia, la cuna de este arte, a sus integrantes.

El programa arrancó con una coreografía de Las Estaciones de Antonio Vivaldi. Grupos de jovencitas engalanadas con vestidos vaporosos de color naranja hasta la rodilla, ejecutaba con fineza la danza que para esta ocasión se enfocaba en el estilo clásico y neoclásico.

Una de la intervenciones estuvo a cargo de la pareja conformada por la bailarina Ana Carolina Olarte y el primer solista de la compañía, Iván Herazo. Hubo cinco entradas grupales de Movimientos.

El programa continuó con la pieza Romanza, en donde el maestro Mario Olivotto acompañó desde el gran piano las notas de Seguei Rachmaninov, acomodado en el instrumento en medio del escenario, mientras Pilar Vega, calzada en un vestido rojo y Joseph Peñaloza, con elegante porte, se desplazaban por el espacio con una danza seductora.
El público se mostró receptivo. Ávido de la energía desbordante en cada salto, aplaudía y vitoreaba las vueltas al aire, las cargadas e intricadas maniobras que solo los bailarines profesionales pueden ejecutar con soltura y propiedad.

La presentación de la bailarina Andrea Díaz supuso gran conmoción al interpretar la danza de Esmeralda Pas De Deux, una elegante danza donde se incorporan movimientos en punta al ritmo de una pandereta.
El bailarín Edgar Santamaría, su pareja de baile, se lució con su habilidad de hacer giros y prescindir del piso en algunas ocasiones.
Después de un intermedio, el cantante barítono panameño Ricardo Velásquez dio un minirrecital de los temas de su nuevo álbum Detén el tiempo. Engalanó con su potente voz el recinto con el género classical crossover de canciones reconocidas como Dueño de Nada, Abrázame muy fuerte y Lo mejor de mi vida, coreado por el público y secundado por eufóricos aplausos.

El cierre correspondió a la pieza Palladio de la autoría del maestro Feco, presentada por segunda vez en Panamá, en que la bailarina María José Hernández fue la figura principal. En la coreografía con música de Karl Jenkis le acompañaron los bailarines Ibrain Espinoza, Edgar Santamaría, Yahir Castro y Josseph Peñaloza, y entre las chicas estuvo Pilar Vega, Susanna Maldonado, Melissa Gaona y Ayira Adames.

El vestuario de la compañía estuvo rebozante de colores cítricos, azules, así como tonos rojo vino y lila, con telas de caída suave y faldones de sutiles transparencias confeccionados por manos panameñas en el atelier del Ballet Nacional de Panamá.
Una tarea llevada a cabo por Saturnina Tenorio, Edwin Espinosa y Octavio Lay, mientras que los tocados fueron materializados por cuenta del maestro Alberto González.

El escenario adornado con luces en tonalidades acordes con las presentaciones y vestuarios también sirvió como pantalla de proyección de imágenes, paisajes y sombras de los propios bailarines en gran parte de las coreografías. A la gala asistieron personalidades del mundo cultural, incluso estuvo presenciando el espectáculo, Diego Calderón Armién, primer bailarín varón graduado de la Escuela de Ballet Bolshoi, quien se encuentra de vacaciones en Panamá tras haber concluido la gira latinoamericana del Ballet Nacional Ruso del teatro de Moscú, al que pertenece.

La festividad, en la que hubo alfombra roja a la entrada, concluyó con un bufé en la que compartieron de forma amena maestros, bailarines y público asistente.





