Cuando Miguel J. Moreno, Jr. asumió la Cancillería de la República, tanto en el plano internacional como en el ámbito nacional se atravesaban tiempos convulsionados y tensos.
Estaba en su apogeo el enfrentamiento entre Estados Unidos y la Unión Soviética, conocido como la Guerra Fría, que se manifestó en operaciones encubiertas, golpes de Estado, la Guerra de Corea (1950-1953), la crisis ocasionada por la nacionalización del Canal de Suez en 1956 y la toma del poder en Cuba por Fidel Castro en 1959, y su alineación al comunismo soviético, entre otros.
Por estos años y tras el desgaste de las potencias europeas en la Segunda Guerra Mundial, una ola de nacionalismo cobró ímpetu en el Medio Oriente, África y Asia, principalmente. Movimientos de liberación desembocaron en un incontenible proceso de descolonización.
Nuevos Estados constituyeron el denominado tercer mundo e hicieron sentir su propia voz en la tribuna de la ONU. Allí clamaron por la solución pacífica de las controversias internacionales, la integridad territorial, la no intervención y la libre determinación de los pueblos, el fomento de la cooperación y la defensa de los intereses comunes.
En el ámbito interno, el movimiento estudiantil, que bajo el gobierno del coronel José Antonio Remón (1952-1955) permaneció aletargado, se reactivó de manera explosiva durante la presidencia de Ernesto de la Guardia, Jr. Ello obedeció tanto a la tensa situación internacional reinante como a las dificultades socioeconómicas prevalecientes en el país.
En las protestas antigubernamentales participaron diversos sectores de la población, pero se destacaron las manifestaciones encabezadas por los estudiantes que, al tiempo que demandaron la pronta solución de los problemas educativos, por lo cual fueron duramente reprimidos por la Guardia Nacional, clamaron por las reivindicaciones de los derechos soberanos de Panamá en la Zona del Canal.
Desde el inicio de su gestión al frente de la Cancillería de la República, a Miguel J. Moreno le tocó presentar notas de protesta al embajador de Estados Unidos en Panamá, al gobernador de la Zona del Canal y ante el Departamento de Estado por el incumplimiento de algunas cláusulas del tratado de 1955 y el memorándum anexo. Estas quejas cubrían una amplia gama de asuntos: planteamientos a favor de los trabajadores panameños en la Zona del Canal, en especial la escala única de salarios y reivindicaciones económicas-fiscales para lograr la venta de productos de Panamá en el mercado canalero y evitar que las empresas estadounidenses en aquel territorio se dedicaran a toda clase de negocios, evadiendo el pago de impuestos al fisco nacional.
Tras la “operación soberanía” en la Zona del Canal, que el 2 de mayo de 1958 llevó a cabo la Unión de Estudiantes Universitarios y la “siembra de banderas” el 3 de noviembre del año siguiente, encabezada por diplomáticos, docentes universitarios y el sector estudiantil, el gobierno presidido por Ernesto de la Guardia, Jr. planteó, con el canciller Moreno como su principal vocero, que el pabellón nacional ondeara en el área canalera. No solo presentó las aspiraciones de Panamá ante los representantes del Gobierno estadounidense tanto en Panamá como en Washington, sino también en la OEA, principalmente en la reunión de los ministros de Relaciones Exteriores y hasta en la ONU.
A finales de septiembre de 1960, la Casa Blanca emitió una declaración sobre el enarbolamiento de la bandera panameña junto a la estadounidense en el triángulo Shaler. A decir de Moreno, “si bien esta orden no satisfizo plenamente nuestras reclamaciones, la nación panameña vio en dicha medida un paso hacia adelante en nuestra permanente lucha por lograr el reconocimiento pleno de nuestra soberanía sobre la Zona del Canal”.
Digna de destacar es la defensa que el canciller Moreno hizo de la Ley 58 de 18 de diciembre de 1958, mediante la cual la República de Panamá extendió su soberanía a una zona de mar territorial de 12 millas. A esta medida se opusieron los gobiernos de Estados Unidos, Japón, Francia, Suiza y Dinamarca, por lo que tuvo que sustentar la posición panameña en la Segunda Conferencia sobre el Derecho del Mar, celebrada en Ginebra del 17 de marzo al 27 de abril de 1960. Estuvo basada en los principios del derecho internacional, y manifestó que Panamá tenía su existencia vinculada al mar y hacía uso de los derechos inherentes a su condición de Estado soberano. Asimismo, no debemos olvidar la enérgica posición adoptada por el canciller Moreno, a raíz de la frustrada invasión de mercenarios cubanos a Panamá en abril de 1959, particularmente ante las declaraciones hechas por el primer ministro Fidel Castro, exigiendo la repatriación de los invasores y calificando de “vergonzosa” la decisión del Gobierno de Panamá de recurrir a la OEA, invocando el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca para repeler la acción armada de solo 80 hombres.
En esta ocasión, Moreno replicó que “la invasión perpetrada por extranjeros, independientemente de su número, constituía una ofensa gravísima” de la cual solo podía darse cuenta quien sabía “justipreciar los atributos inherentes a la nacionalidad”.
FUENTES
Editor: Ricardo López Arias
Autor: Celestino Araúz, profesor de historia de la Universidad de Panamá
Fotografía: Colección RLA/AVSU
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