Todos por Messi

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Duele ver cómo el mejor jugador del siglo XXI y de varias generaciones es incapaz de ganar algo con la Selección de mayores de su país.  Integrante además de la flor imperial del fútbol junto con Di Stefano, Garrincha, Pelé y Maradona, nada explica por qué Lionel Messi se reduce a la mitad cuando juega con Argentina.

Dicen que a los directores técnicos de la Selección de ese país les cuesta trabajo acomodar el resto del equipo alrededor de Messi, virtud esta que sí tuvo Bilardo con Maradona. Otros presentan el argumento fácil del peso cultural en la formación profesional y personal del jugador, residente en España desde los 13 años. “Es más catalán que argentino”, comparan tontamente. Unos cuantos exculpan al genio del ataque por su larga agenda de partidos de cada temporada con el Barcelona; y porque llega ya cansado o desgastado a los torneos de selecciones.

El único hasta ahora con una respuesta sustentada en un hecho verificable se llama Alfio Basile. Técnico en su momento de Maradona y años después de Messi, único estratega en el mundo con esa condición, cuando los compara a ambos destaca del primero su condición de clavija de un equipo, timonel siempre, y de Messi resalta su virtud goleadora, tsunami imparable. Los resultados le dan la razón al viejo técnico: Maradona ganó una Copa del Mundo, Messi ocupa el primer lugar en la tabla de goleadores históricos de la Liga española.

Si se asume como válida la teoría de Basile, no se precisa mayor comprensión táctica para entender que el equipo argentino volverá a ganar un título de selecciones cuando disponga en la cancha de los otros 10 jugadores, sin importar nombres o trayectoria, en función del superdotado que tienen en el ataque. 

Solo Di María se aproxima a Messi; los demás apenas si son grandes jugadores. Esto es una paradoja, porque Pastore, Tévez, Agüero o Higuaín tienen los méritos suficientes para ser las estrellas de cualquier equipo. Pero con Messi al lado están obligados a hacer precisamente eso que pasa inadvertido: correr de más, ensuciarse, guapear y guardar obediencia. En otras palabras, humildad y corazón al servicio del rey.


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