La disputa por el control de la Asamblea Nacional luego de unas elecciones generales en la que ninguna de las fuerzas políticas asume la mayoría legislativa, no es una situación casual y exclusiva del periodo legislativo que se inicia este 1 de julio.
Estas disputas por el control político del Órgano Legislativo ya han ocurrido en otras ocasiones a lo largo de la historia democrática del país luego de la dictadura militar, terminando finalmente en acuerdos informales, pactos, enemistades y hasta traiciones.
Para los expertos políticos y según algunos de los protagonistas de estos arreglos este panorama empieza a vivirse en el actual período y podría extenderse hasta el 30 de junio próximo o el 1 de julio cuando toma posesión el presidente electo, Juan Carlos Varela, y cuando se escoge a la nueva junta directiva de la Asamblea Nacional.
PRIMEROS ACUERDOS
En el período de gobierno 1990-1994 se vivió por primera vez el tema de los acuerdos legislativos. Tras la expulsión del Partido Demócrata Cristiano (PDC) del gobierno, el presidente Guillermo Endara perdió el control de la Asamblea Nacional, lo que lo obligó a sostener arreglos con los partidos opositores.
Según relata el politólogo Carlos Guevara Mann, en abril de 1991 el PDC rompió con el gobierno y sus diputados en la Asamblea se declararon en oposición a Endara.
Meses antes por algunas diferencias con el PDC, el oficialismo pactó con el Partido Revolucionario Democrático (PRD), cuyos votos sirvieron para que Alonso Fernández Guardia (Movimiento Liberal Republicano Nacionalista) fuese elegido presidente durante el período 1990-1991.
Pero luego en la disputa por la presidencia en el período 1991-1992, un grupo de legisladores oficialistas, apodados “los ninjas” y liderados por Marco Ameglio (Partido Liberal Auténtico), consiguieron el apoyo del PDC para que Ameglio presidiera la Asamblea Nacional. El otro candidato oficialista, Arnulfo Escalona (Partido Liberal Auténtico), fue derrotado.
En los períodos siguientes (1992-1993 y 1993-1994), el oficialismo logró cohesionarse y obtener la presidencia de la Asamblea con el apoyo del PRD.
POCOS TRAUMAS
Situación similar ocurrió en la administración de gobierno (1994-1999) del presidente Ernesto Pérez Balladares del PRD, aunque allí se dieron arreglos políticos menos traumáticos. Tras las elecciones, el PRD obtuvo la mayoría relativa con 33 de los 72 escaños de la Asamblea, pero luego logró sumar a algunos del Partido Solidaridad para de esta manera lograr una mayoría de 37 diputados necesaria para impulsar sus leyes. Posteriormente logró el respaldo de diputados del Movimiento Papa Egoró.
PACTO DE LA PINTADA
En este periodo de gobierno (1999-2004) encabezado por la presidenta Mireya Moscoso es cuando comienzan a publicitarse los pactos legislativos. Tras las elecciones de 1999 la presidenta electa que encabezaba la coalición Unión Por Panamá (UP), solo obtuvo 24 escaños en la Asamblea, por lo que antes de su toma de posesión entró en un proceso de negociación con sus adversarios.
Fue así que sumó a cinco diputados del PDC (incluyendo tres “saltamontes”, disidentes arnulfistas), el Partido Solidaridad (cuatro diputados), y el Partido Liberal Nacional (tres diputados). De esta forma pudo llegar a la cifra mágica de 36, que hacían la mayoría absoluta de una asamblea de 71 miembros.
Esto lo logró con el llamado Pacto de La Pintada, entre el Partido Arnulfista, Movimiento Liberal Republicano Nacionalista (Molirena), PDC con los llamados “saltamontes” que respaldaron la candidatura presidencial de Alberto Vallarino, cuyo jefe de campaña fue el actual presidente electo, Juan Carlos Varela; Cambio Democrático, el Partido Liberal Nacional y legisladores de partidos extinguidos.
Este quizás ha sido el pacto más traumático. Todo se definió el mismo 1 de septiembre de 1999, paralelo al acto de toma de posesión de Moscoso. La legisladora Haideé Milanés de Lay tenía la última palabra. El PRD le había ofrecido la presidencia de la Asamblea, pero el oficialismo le daba a cambio una vicepresidencia para que votara por Enrique Garrido, del PDC. Finalmente Lay, ante presiones de ambos bandos votó por Garrido, quien presidió la Asamblea en ese período.
DISIDENCIA PRD
Pero no todo terminó allí, en 2000, tras algunas diferencias con el oficialismo surge el pacto Meta (Mejoramiento y Transformación de la Asamblea) que unió al PRD y el PDC (hoy Partido Popular). Los partidos adversos al gobierno toman control de la Asamblea, primero bajo Laurentino Cortizo como presidente, quien era legislador del Partido Solidaridad (2000-2001) y, luego, bajo la presidencia de Rubén Arosemena (2001-2002).
Este pacto solo duró dos años, ante el surgimiento de un inesperado acuerdo entre el Partido Panameñista y algunos diputados disidentes del PRD. Fue allí cuando en 2002 surge el Pacto de Boquete negociado en la residencia de Moscoso, en Chiriquí, para postular al legislador perredista Carlos Alvarado como presidente de la Asamblea.
Por el PRD Carlos Afú, Tomás Altamirano Duque, Arcelio Batista, Manuel De La Hoz, Abelardo Antonío, Luis Cedeño, suplente de la legisladora Olivia de Pomares, le dieron el voto a Alvarado, postulado por el oficialismo, despreciando a Roberto Ábrego que había sido propuesto por el PRD para presidir la Asamblea.
ERA DEL TRANSFUGUISMO
Ya en el período 2004-2009 liderado por el presidente Martín Torrijos y su alianza Patria Nueva, formada por el PRD y el Partido Popular logró 43 escaños. Torrijos no requirió de ningún pacto para impulsar su agenda legislativa.
Mientras que más recientemente en 2009 el respaldo del Partido Panameñista al partido Cambio Democrático y a su abanderado Ricardo Martinelli, quien ganó la presidencia de la República, le permitió al oficialismo obtener una mayoría legislativa de 42 diputados tras las elecciones del 3 de mayo de 2009.
Pero tras la ruptura de la alianza en en agosto de 2011, el presidente Martinelli para volver a tener el control de la Asamblea, en lugar de llegar a acuerdos con los partidos políticos, utilizó su propia estrategia: la cuestionada práctica del transfuguismo con la cual sumó a su alrededor a diputados del PRD, del Partido Panameñista y a independientes, que lo llevó a sumar 41 diputados, suficientes para que que su agenda legislativa pasara por la Asamblea sin mayores obstáculos, aún a pesar de los cuestionamientos de sectores políticos y de la sociedad civil.
