La filatelia es el estudio y colección de sellos postales, también conocidos como estampillas. La pasión por coleccionar estas delicadas piezas de arte sobre papel, que recogen el conocimiento de la historia y los aportes de personajes emblemáticos de cada país, surgió a partir de 1840, cuando en Inglaterra se emitió el primer sello postal, conocido como el penique negro (o Penny Black), con la imagen de la reina Victoria y el valor de un penique. De esta manera se estableció el criterio de prepago del servicio de correo y con ello se mejoró la eficiencia y la universalidad del servicio postal.
Aunque, como es natural, con el paso del tiempo el servicio de correos ha entrado en decadencia ante el modernismo de las comunicaciones, aún cerca de 900 millones de personas en el mundo se dedican al coleccionismo o al comercio filatélico, equiparando este pasatiempo al también importante estudio y colección de monedas conocido como numismática.
La importancia de Panamá en el campo de la filatelia es muy significativa, ya que está ligada al interés especial y permanente de los coleccionistas de todas partes del mundo por obtener alguno de los sellos emitidos por la Oficina Postal de la Zona del Canal, única entidad distinta al Gobierno federal de Estados Unidos que podía emitir sellos postales en nombre de ese país durante el período comprendido entre el 24 de junio de 1904 y octubre de 1978, cuando cesó la administración postal de esta entidad. Al año siguiente, en 1979, se extinguió jurídicamente la Zona del Canal de Panamá en virtud de la entrada en vigencia de los Tratados Torrijos-Carter. Por tanto, los sellos postales emitidos durante este período, relacionados con el Canal de Panamá, constituyen una colección filatélica única e invaluable.
El furor que despierta entre los coleccionistas la posibilidad de adquirir sellos postales alusivos al Canal de Panamá se inició en 1914, cuando el Servicio de Correos de Estados Unidos emitió la primera estampilla conmemorativa de la inauguración del Canal de Panamá. De allí en adelante se realizaron numerosas ediciones con distintos valores monetarios a lo largo de los años por parte de la Oficina Postal de la Zona del Canal.
Como dato curioso, en 1938, con motivo del 23 aniversario de la apertura del Canal de Panamá, se emitió la estampilla conmemorativa correspondiente. Sin embargo, mientras para Panamá el Canal se inauguró el 15 de agosto de 1914, cuando el vapor Ancón cruzó del Atlántico hacia el Pacífico, para Estados Unidos esta fecha se hizo corresponder a 1915, con motivo de la inauguración de la Exposición Internacional Panamá-Pacífico. De allí que la estampilla impresa en 1938 presenta esta discrepancia histórica y, por ende, posee un valor filatélico adicional. En algún momento de la década siguiente los criterios se unificaron y se aceptó el 15 de agosto de 1914 como la fecha definitiva de apertura del Canal.
Por cierto, la edición conmemorativa que se realizó años después por parte de esta entidad, con motivo del 50 aniversario de la apertura del Canal, fue la última de esta serie, toda vez que los históricos y trascendentales acontecimientos del 9 de enero de 1964 marcaron un antes y un después en la relación entre ambos países, al trazarse el rumbo definitivo de la recuperación por parte de los panameños de nuestra soberanía plena en todo el territorio nacional, incluida la Zona del Canal.
Propiamente en lo tocante a Panamá, en 1904, a propósito de la nueva República, se ordenó la confección de los primeros sellos postales panameños. De hecho, el timbre fiscal más valioso producido por Panamá desde el punto de vista filatélico corresponde a este período. Se trata de un timbre por valor de cinco centésimos que muestra el retrato del doctor Justo Arosemena, creador del Estado Soberano de Panamá. En diez pliegos de cien timbres de este sello aparece, en la esquina inferior derecha y por error, el retrato de Antonio Fernández de Córdoba, gobernador de Panamá entre 1671 y 1673, quien trasladó la ciudad en ruinas de Panamá Viejo a su actual emplazamiento a las faldas del cerro Ancón. Este grave error de impresión confiere a este timbre un valor monetario excepcional en el mundo del coleccionismo filatélico internacional, que ronda los cuarenta mil dólares.
En el año 2014 los filatelistas del mundo esperaban con ansias que Panamá hiciera una edición de estampillas conmemorativas del centenario del Canal de Panamá. No obstante, debido a la desidia habitual de nuestros gobiernos en lo referente a temas culturales, se dejó pasar esta fecha que bien pudo servir para promover al país. Paradójicamente, ese mismo año el Canal de Suez inauguró su propia ampliación y, en un error de proporciones históricas, en uno de sus sellos conmemorativos aparecieron las esclusas de Miraflores. Esto no solo hizo muy valiosa esta estampilla, sino que, por carambola, se convirtió en una celebración implícita del centenario del Canal de Panamá.
Otro detalle anecdótico de gran importancia y trascendencia histórica, que guarda estrecha relación con la filatelia y el curioso destino de nuestro Canal, lo constituye el hecho de que el 9 de enero de 1902 la Cámara de Representantes de Estados Unidos votó casi por unanimidad a favor de la construcción del Canal a través de Nicaragua. Pocos días más tarde, el diario New York Herald publicó en su primera plana un editorial en el que afirmaba que el sentimiento nacional de los norteamericanos estaba unánimemente a favor de la construcción del canal por Nicaragua.
El 6 de junio del mismo año se efectuaría la votación final en el Senado. En ese momento crucial, las esperanzas parecían perdidas para el célebre Bunau-Varilla, quien fungía como negociador francés haciendo lobby en Estados Unidos a favor de su país, a fin de tratar de convencer a los norteamericanos de escoger la ruta por Panamá y poder así venderles los derechos del fracasado intento de construcción del canal francés en Panamá.
Desesperado, Varilla tuvo una última idea. Recordó que había visto en una carta un sello postal de Nicaragua en el que se representaba un volcán. Era el volcán Momotombo vomitando fuego en una magnífica erupción. Decidió enviar a cada miembro del Congreso, dentro de un sobre cerrado, un ejemplar de este sello momentos antes de la votación. Ante el convencimiento de los senadores del peligro que representaba la existencia de un volcán activo en Nicaragua para un proyecto de esta envergadura, por un estrecho margen se aprobó la construcción del Canal por Panamá. Una semana más tarde, la Cámara de Representantes echó abajo su acuerdo previo y aprobó también el proyecto del Canal de Panamá, desechando la idea del canal por Nicaragua.
Quién lo diría: al parecer, y pese a todo, algo tenemos que agradecerle a este insigne y oscuro personaje, incrustado para bien o para mal en la historia del Canal y, hasta cierto punto, en la propia historia de nuestra nación.
El autor es escritor y pintor.


