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La noche que el cielo se partió en dos: 112 años de la tragedia de El Polvorín

La noche que el cielo se partió en dos: 112 años de la tragedia de El Polvorín
Sepelio de las víctimas de El Polvorín.

Seis bomberos murieron en la madrugada del 5 de mayo de 1914, cuando un depósito de municiones estalló en las afueras de la ciudad. La Plaza 5 de Mayo es su único epitafio.

Eran las 3:15 de la madrugada cuando la ciudad entera se despertó de un golpe. No hubo aviso. Solo una detonación brutal, seguida de un estrépito que nadie supo explicar. Los vecinos saltaron de sus camas, los perros ladraron sin cesar y la Avenida Central se llenó de gente que corría sin saber hacia dónde. “¿Qué pasa?”, preguntaba todo el mundo. Nadie respondía.

Entonces alguien gritó: “¡El Polvorín!”. Y hacia allá fue todo el mundo.

El Polvorín era un edificio de mampostería ubicado en la Avenida Nacional, en lo que entonces eran las afueras de Panamá, cerca de donde hoy está el Hospital Santa Fe. La Policía Nacional y algunas empresas privadas lo usaban como depósito de material explosivo y municiones. Era, en esencia, una bomba esperando su momento.

Veinte minutos para una catástrofe

A las 2:55 de esa madrugada del 5 de mayo de 1914 se activó la primera alarma en la cajilla 54 de San Miguel. El Cuartel de Bomberos de Calidonia respondió primero por ser el más cercano. A las 3:10 llegaron al lugar, que ya ardía.

Conectaron las mangueras. El comandante Guizado daba las órdenes. El capitán Grimaldo dirigía las operaciones sobre el terreno y notó que el fuego había alcanzado también el techo. Cuando se disponía a ordenar que tomaran precauciones, ocurrió la explosión.

Guizado quedó tendido en el suelo. No supo más hasta que volvió en sí. A su alrededor, el caos: heridos que gemían, escombros por todas partes y el silencio pavoroso que solo se rompe cuando algo irreversible acaba de suceder. La crónica de La Estrella de Panamá, publicada al día siguiente bajo el sobrecogedor titular ¡Hecatombe!, lo describe así: “Acá un cuerpo tendido y quejumbroso, allá una masa informe que fue en vida un bombero, y más, el miembro desprendido del tronco, y por todas partes fragmentos de escombros”.

La noche que el cielo se partió en dos: 112 años de la tragedia de El Polvorín
La noticia de El Polvorín publicada en La Estrella de Panamá.

Del edificio no quedó ni un solo rastro. Solo un profundo boquete en la tierra y una nube de polvo donde antes había un muro.

Seis nombres que la ciudad casi olvidó

Murieron seis bomberos: Alonso Teleche, Juan Bautista Beltrán, Félix Antonio Álvarez, Luis de Bazac, Luis Buitrago y Faustino Rueda. Otros diez resultaron heridos, entre ellos el comandante Domingo Vásquez y el mayor Florencio Arosemena Icaza. También murieron el conserje de la plaza de toros adyacente y su esposa. La explosión fue tan violenta que el edificio de la plaza de toros, que colindaba con El Polvorín, quedó prácticamente destruido.

Lo que esos hombres impidieron con su intervención es difícil de calcular. En 1914, la mayoría de los edificios del barrio eran de madera. Si el fuego se hubiera propagado, el resultado habría sido incalculable. Murieron conteniendo lo que pudo haber sido el fin de Calidonia.

Nunca se estableció con certeza la causa del siniestro. Circularon tres teorías: el incendio de la maleza que rodeaba el edificio, una “mano criminal” y una hipótesis sobre inflamación espontánea de la pólvora que fue descartada de inmediato. La verdad se perdió entre los escombros.

Un terreno baldío convertido en memoria

El alcalde E. Adames declaró el 5 de mayo de 1914 día de luto nacional. Dos años después, el 5 de mayo de 1916, el presidente Belisario Porras inauguró un obelisco de mármol en honor a los caídos. El lugar elegido era un terreno baldío de forma triangular, entre la estación del ferrocarril, la Avenida Central, el Puente de Calidonia y la calle La Calzada. Ese triángulo vacío se convirtió en la Plaza 5 de Mayo.

Hoy esa plaza es uno de los puntos más concurridos de la ciudad. A su alrededor pasan miles de personas a diario, conectadas por la estación del metro, la peatonal de la Avenida Central y la sede de la Asamblea Nacional. En 2006 fue declarada monumento histórico nacional mediante la Ley 33, y en 2017 la Alcaldía la rehabilitó, repuso el mármol del primer escalón y la dotó de acceso universal.

Pocos de los que pasan a diario frente al obelisco saben lo que ocurrió aquí. Pocos conocen los nombres de Teleche, Beltrán, Álvarez, De Bazac, Buitrago y Rueda. Panamá les debe, al menos, recordarlos una vez al año.

La autora es periodista cultural y humanista digital.


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