Monedas que no acuñamos, historia que no contamos

En 1971, Panamá acuñó la que entonces fue la moneda más grande del mundo moderno, dedicada a la memoria del Libertador Simón Bolívar, con un valor de 20 Balboas.

Monedas que no acuñamos, historia que no contamos
Monedas de Panamá

La numismática, entendida como el estudio de las monedas, es mucho más que una afición de coleccionistas. Es una disciplina auxiliar de la historia y de la arqueología que permite estudiar, describir e interpretar la vida de la humanidad a través de los objetos materiales.

Las monedas hablan. En sus efigies, fechas, nombres, símbolos políticos y religiosos, idiomas, metales y diseños queda grabada la memoria de los pueblos. Gracias a ellas, y al estudio serio de sus características, ha sido posible reconstruir períodos históricos que durante mucho tiempo permanecieron poco conocidos o incluso olvidados.

Panamá tiene un lugar importante en esa historia. Pocos saben que entre 1580 y 1583 existió una Casa de Moneda en Panamá La Vieja, donde se acuñaron piezas de ½, 1, 2 y 4 reales. Varias de estas monedas han sido halladas en naufragios tan distantes como el de un barco portugués cerca de la isla de Madagascar, así como en el célebre naufragio del Atocha en el Caribe. Buena parte de esta información ha sido documentada gracias a las investigaciones del historiador numismático panameño Jorge Proctor, miembro de la Asociación Numismática de Panamá, quien localizó valiosos documentos en el Archivo General de Indias, en Sevilla, España.

Nuestra historia monetaria también registra hitos notables en tiempos más recientes. En 1971, Panamá acuñó la que entonces fue la moneda más grande del mundo moderno, dedicada a la memoria del Libertador Simón Bolívar, en plata ley .925 y con un diámetro de 61 milímetros con un valor nominal de 20 Balboas. Igualmente, en 1904 emitió una de las monedas más pequeñas del mundo, popularmente conocida como “La Pildorita” con valor nominal de dos y medio centesimos de Balboa.

Toda moneda puede ser objeto de colección, pero además algunas se acuñan de manera especial para preservar la memoria de acontecimientos y personajes relevantes. Allí es donde surge una reflexión obligada: Panamá ha desperdiciado numerosas oportunidades de conmemorar, a través de la moneda, hechos fundamentales de su historia nacional.

La ausencia de una ley numismática moderna y la falta de consulta a historiadores, investigadores y especialistas han provocado que muchos aniversarios de profundo significado pasen inadvertidos en nuestra producción monetaria. Entre ellos, pudimos haber recordado:

  • la Guerra de los Mil Días (1902–2002),

  • el fusilamiento de Victoriano Lorenzo (1903–2003),

  • el centenario de la independencia de Panamá (1903–2003),

  • el centenario de nuestra bandera (1903–2003),

  • el centenario de nuestro escudo nacional (1904–2004),

  • el centenario de nuestra moneda nacional (1904–2004),

  • el centenario del Teatro Nacional (1908–2008),

  • el primer vuelo en Panamá (1912–2012),

  • el bicentenario de la independencia de España (1821–2021),

  • el centenario del Hospital Santo Tomás (1924–2024),

  • y ahora también el bicentenario del Congreso Anfictiónico de Panamá (1826–2026).

A ello se suman muchos otros hechos, instituciones y personajes que pudieron haber sido inmortalizados en bellas monedas conmemorativas, dejando un legado tangible para las futuras generaciones. La única vez que Panamá desarrolló una serie de monedas con verdadero sentido histórico y amplio reconocimiento popular fue con la serie de Panamá Viejo, muy apreciada por su belleza y significado.

Las monedas perduran por siglos. Sobreviven a los gobiernos, a las modas y a los discursos pasajeros. Por eso duele reconocer que hemos perdido repetidas veces la oportunidad de contar nuestra historia en metal, de dejar constancia de quiénes fuimos, qué celebramos y qué valores quisimos transmitir a nuestros descendientes.

Cada moneda es un pequeño documento histórico que pasa de mano en mano. En ellas también se escribe la historia de una nación. Panamá no puede seguir dándole la espalda a su memoria numismática.

El autor es empresario.


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