Tres horas con Juan Villoro

Juan Villoro conversó y encantó al público con su intervención y su obra de teatro.

Tres horas con Juan Villoro
Tres horas con Juan Villoro

Esta no es una crónica sobre Juan Villoro. Es la historia de un viernes por la noche, de tráfico lento alrededor de Atlapa, camino a la entrada del “imperio de la imaginación” , y de cómo una velada común puede llegar a ser mágica para los amantes de los libros.

Son las 7:00 p.m. Mientras los autos avanzan en procesión y los conductores ruegan por el milagro de un estacionamiento, en el centro de convenciones Atlapa hay una fiesta de letras, de aficiones y páginas escritas en el aire que centenares de oídos, repartidos en diferentes salones, se han dispuesto a escuchar.

En el salón de al lado, Chaquira, todavía hay un puesto para sentarse a escuchar una conversación.

Es la voz del escritor y periodista mexicano Juan Villoro, hablando con su colega panameño Daniel Domínguez Z. de La Prensa en un tono amigable.

Frente a ellos, una audiencia atenta.

“¿Juan, y qué piensas de que se te considere un autor de culto?”

“Eso es engañoso, porque muchas veces el autor de culto es un bestseller frustrado”, responde Villoro antes de evocar el recuerdo de un amigo al que le recomendó un libro que después de un tiempo se hizo famoso y se empezó a vender muy bien.

“Ya no me gusta el libro. Ahora le gusta a todo el mundo, quiere decir que no era tan bueno”, recuerda Villoro que le dijo su amigo, para concluir que “a veces nos da miedo que nuestro gusto no sea tan selectivo. Entonces los libros de culto terminan siendo los que les gustan a dos o tres que los recomiendan a otros”.

El tiempo se acaba, pero Domínguez invita a seguir escuchando a Villoro a través de su libro más reciente Balón dividido y la Conferencia sobre la lluvia, un monólogo que tuvo lugar unos minutos después en el teatro La Huaca.

Al terminar la charla un grupo rodea la mesa donde se sienta Villoro a firmar obras como El libro salvaje, Albercas e Ida y Vuelta.

El escritor panameño Edilberto González Trejos, que está cerca, dice que “fue genial. El que la tiene clara la tiene clara”, recordando el conversatorio, y agrega que “mencionó varios buenos autores, pero después dijo ´cuando me hablan de buenos autores también me gustaría que me hablaran de buenas personas, pero Chejov solo hay uno”.

EMPIEZA A LLOVER

En La Huaca el público espera sentado frente a un escenario que solo tiene una silla y un escritorio.

Es el mismo Juan Villoro quien da la bienvenida y presenta el monólogo que ha pasado antes por espacios teatrales, congresos literarios y ferias del libro.

“Se trata de la posibilidad de perder el hilo de lo que uno está diciendo en una conferencia y el vértigo que se siente”, explica el escritor antes de pedir atención para el actor Arturo Beristain.

“Me siento responsable de que se haya aprendido un librito entero”, dice el autor, quien reconoce el reto que supone para un intérprete mantener él solo el interés de la audiencia.

Villoro se sienta en el público como un espectador más y en el escenario aparece un bibliotecario que hablaría sobre la lluvia, pero pierde sus papeles. Es el comienzo de un homenaje a los libros, al lector, a los escritores, a los bibliotecarios. Un monólogo que salta de un punto a otro con gracia poética, sin perder el hilo de las letras ni la trama.

“La realidad existe para convertirse en libro. Todo lo que nos rodea es un libro y la biblioteca es un resumen”, llega a decir el bibliotecario, que cita a César Vallejo, Julio Cortázar, Jorge Luis Borges, Fernando Pessoa, José Emilio Pacheco y a Johann Wolfgang von Gothe, entre otros, a lo largo de la presentación.

Al escucharlo las imágenes se van dibujando de forma que al final se pueda llegar a la misma conclusión que el “conferencista”: “llueve mejor en la imaginación”.

¿Un lector puede tener dos felicidades: que el escritor además de bueno sea una persona agradable? A Daniel Domínguez Z. le gustó confirmar que en Villoro esto es posible.

“Villoro fue tan encantador, profundo e ingenioso como son sus cuentos, novelas y artículos periodísticos”, dijo el periodista de La Prensa. “Además, más de un asistente al conversatorio también quedó igualmente fascinado con sus declaraciones, lo que confirma lo que ya sabíamos: Villoro es uno de los grandes autores mexicanos del presente”, concluyó.

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