Cataratas Victoria, pasión por África

Una vez allí comprobará que el nombre que le dieron las tribus locales, “Mosi oa Tunya” (“el humo que atruena”), evoca mejor la visión paradisíaca y el maravilloso sonido que producen sus cascadas

Julia Arévalo/EFE-Reportajes mosaico@prensa.com Victoria Falls fue el nombre que, en honor a su reina, le dio a las cataratas el explorador escocés David Livingstone cuando las “descubrió” en 1855 y es el que hoy tienen en Zimbabwe tanto las cataratas como la pequeña ciudad nacida a su vera. En Zambia, aún conservan el original de Mosi oa Tunya.

El río Zambezi, frontera entre Zimbabwe y Zambia, se abre abruptamente en un kilómetro y setecientos metros de cascadas, alguna de más de cien metros de altura, y

toda su agua —500 millones de litros por minuto— se recoge en una estrecha garganta con tal fuerza que rebota y asciende creando

una impresionante nube de agua que llega a tener hasta cinco veces la altura de las cataratas mismas, como si fuera humo visible desde decenas de kilómetros de distancia.

Pero ese no es el mejor momento para visitar las cataratas, porque el “humo” no deja vislumbrarlas. Marzo es el mes en que el Zambezi baja más cargado de agua y noviembre el más seco. Conviene tener en cuenta la estación también porque muchas de las actividades en oferta dependerán del nivel del agua en el río. Llegada y alojamientoVictoria Falls dispone de un aeropuerto internacional, a unos 20 kilómetros de la ciudad, en Zimbabwe. Para alojarse, existe una gran oferta tanto en Zimbabwe como, más barata y menos masificada, en el lado de Zambia. Cruzar de un país a otro es bien sencillo, un paseo por el centenario puente Victoria Falls. Pagará distintos precios por los visados en función de donde pernocte.

Para viajeros de alto presupuesto —y cuando la situación política lo permite— el lujoso Blue Train llega en dos días desde Pretoria, en Sudáfrica. Resulta todo un espectáculo ver la llegada del tren con sus acaudalados pasajeros a la estación de Victoria Falls, a un paso del exquisito hotel del mismo nombre.

Si se quiere evocar el lujo de aquellos primeros viajeros europeos atraídos por los relatos de Livingstone, se puede tomar el té, almorzar o cenar en alguno de los restaurantes del hotel, un alojamiento de estilo colonial construido en 1905, con vistas únicas a las cataratas. En ese entorno de lujo, se puede degustar carne de cocodrilo o avestruz y otras delicias gastronómicas lo-cales.

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