El estilo es similar al de Manolo Caracol, ya que uno de los socios de Qué Concha era socio de Manolo Madueño, el creador del concepto. Se ha variado un poco ofreciendo dos tipos de menú especial, como en restaurante chino: de cinco platos por 10 dólares u ocho platos por 14, que cambia según las especialidades del día. Además, tienen una carta fija.
Nos atendió un joven muy, muy atento, llamado Iván, quien nos explicó el sistema. Como éramos tres, pedimos dos menús especiales de cinco platos, y unas picadas adicionales, para ampliar la muestra. Evidentemente, desde un punto de vista crematístico, nos hubiera ido mejor pidiendo tres menús de a 14, pero bueno, no nos quejamos. Cuando pedimos la carta de vinos el joven nos dijo que no la tenían per se , y nos nombró un par de vinos y recomendó la sangría, que resultó buena, aunque tal vez un tris subida de azúcar, pero a mis RDT les gustó. Con el hambre que traíamos, acompañamos la sangría con el pan de la casa, que mojas en pocillos de aceite de oliva, balsámico, hierbas y un toque de aceite de ajonjolí. Rica la salsa, el pan, nada que ver.
Tornamos la vista al menú y brevemente contemplé ordenar unos calamares rellenos, pero Iván nos informó de que ese día no habían llegado muy grandes, así que nos decantamos por el pulpo al vino, que estuvo de buen sabor, pero un poco duro. Luego pedí una ensalada Cappresse [sic], pero nos informaron de que les faltaban dos de los tres ingredientes así que opté por la Caesar. Oh, triste equivocación. El aderezo era como una leche blanca insípida, mientras que los croutons estaban viejos y aguados. Además, a todo el conjunto le faltaba sal. El tercer componente de las picadas extra que pedimos fue un plato de hongos al ajillo, de ración generosa y buen punto de ajo y sal.
Luego, llegó el primer plato del menú prix fixe , una sopa de mariscos. Estuvo algo salada, y además llegó fría a la mesa. La adición de jugo de limón la compuso un poco, pero no mucho. El segundo plato de los RDT era de almejas al ajillo, que sabían exactamente igual a los champiñones.
Llegó el tercer plato de los RDT, que resultó ser una "ensalada balsámica". No sé si lo de balsámico se refiere al aderezo o a qué, pero le deberían cambiar lo de "balsámica" por "eufemística", ya que ni bálsamo ni vinagre de Modena. Pero te la describo: lechuga de hoja, tomates, manzana verde (lindo toque) y semillas de ajonjolí. El ajonjolí parece ser la panacea omnicurativa de la cocina, porque bien en semilla o bien en aceite, aparece en todas partes. Por ejemplo, el "arroz exótico tailandés", lo que tiene de exótico, básicamente, es que viene teñidito de pasta de tomate, y trae encima unos tomates picados, con un dejo de cebollina y cilantro, y -por supuesto- semillas de ajonjolí. Y una de dulce que casi parece postre. El arroz con coco tiene buen punto de coco, pero el grano vino demasiado sancochado y parecía papilla.
De los platos fuertes, pedí unos langostinos al olio verde, otro eufemismo para el mismo chimichurri al ajillo de los hongos y las almejas. Los menús fijos de RDT trajeron un dorado en salsa a la pimienta, realmente exquisito, y un dorado "a la hawaiiana" que significa una cubierta de piña tan dulce que crees que te estás comiendo el postre de La Sirenita. Afortunadamente mi capacidad para el dulce es casi pantagruelesca, porque probamos un cheesecake de coco bastante decente y un pedazo de cake de chocolate realmente bueno. Diría que de todo, lo mejor fue el carácter risueño de Iván. Dixit.

