Allí, anclado a un costado de la península Valiente, en Bocas del Toro, está Kusapín. La vida sencilla de los ngöbes se refleja en un mar transparente bajo un cielo claro. En Kusapín reina la tranquilidad, agitada solo por los vientos y las olas del mar.
Los niños Odaris Castillo, Arianis David y Reinar Julián viven en un rincón de esta fresca comunidad. Miran desde la puerta de su casa el silencio de la vida, la esperanza incierta y la quietud de un mar que se mueve para demostrar que, en estos poblados de la comarca, los soles alumbran el privilegio de una espléndida naturaleza.
La tranquilidad se opaca en la pobreza, pese a las bondades que el mar brinda, la alimentación no lleva la salud requerida ni sofoca el hambre que pasa dejando rastros perceptibles en las víctimas inocentes que, desde la puerta de su casa, se atan al silencio que el país no quiere oír.

