VIOLACIONES. 638 PERSONAS FUERON DETENIDAS Y MáS DE 100 RESULTARON HERIDAS POR LOS PERDIGONES.

La Marcha Blanca que terminó en Viernes Negro

La Primera Compañía de Orden Público, ‘Doberman’, entró en templos y hospitales para detener a los manifestantes que desafiaron las prohibiciones emanadas de las autoridades civiles afectas al régimen militar de Manuel Antonio Noriega. Las unidades de las Fuerzas de Defensa se tomaron las calles de la ciudad de Panamá para evitar que los civilistas salieran. No se sabe con exactitud cuántas personas fueron trasladadas a la antigua cárcel Modelo.

La Marcha Blanca que terminó en Viernes Negro
ABUSOS. A las 3:30 de la tarde del 10 de julio de 1987, miembros de las Fuerzas de Defensa embistieron a la multitud civilista.

El 10 de julio de 1987 la Cruzada Civilista Nacional (CCN) convocó a sus seguidores a "La Gran Marcha Blanca" que partiría desde la iglesia de El Carmen, a las 3:00 p.m., y llegaría hasta la Plaza de la Independencia en San Felipe, en donde se realizaría un mitin.

Desde el 6 de junio, cuando el coronel Roberto Díaz Herrera dio una serie de declaraciones en su casa sobre cómo se había perpetrado el fraude electoral de 1984, las protestas iban en aumento.

En repuesta al llamado de los civilistas o "sediciosos", como eran llamados por la facción gobiernista, el Partido Revolucionario Democrático convocó a sus seguidores a una marcha "nacionalista" para el 9 de junio, en apoyo al presidente de la República, Eric Arturo Del Valle, y a Manuel Antonio Noriega, quien se anunciaba cerraría el acto.

A últimas horas de la noche del martes 7 de de julio, la Presidencia de la República informó mediante un comunicado que se prohibía a ambos grupos realizar las manifestaciones anunciadas "por el inminente peligro que ellas entrañan para la integridad física de los participantes, transeúntes y los demás ciudadanos panameños".

Al día siguiente, las 107 organizaciones que, a la fecha, conformaban la CCN anunciaban que la marcha sería llevada a cabo a pesar de la prohibición, y el viernes 10 de julio los civilistas salieron a las calles.

Desde tempranas horas de la mañana agentes de la Primera Compañía de Orden Público, "Doberman", tomó posiciones. Los miembros de las Fuerzas de Defensa también lo habían hecho en varios lugares de la capital y del interior del país. El dispositivo militar en Vía España fue dirigido por Eduardo Herrera, según narró Manuel Cambra, quien era presidente del Club Activo 20-30 y víctima de la represión de ese día.

En su testimonio, hecho público el 20 de abril de 1992 en el suplemento Recordemos para que no vuelva a suceder, Cambra dice que la represión comenzó aproximadamente a las 3:30 p.m.

Los agentes usaron gases lacrimógenos, perdigones y golpearon a los manifestantes con toletes. Los manifestantes en diferentes puntos de la ciudad de Panamá fueron inmisericordemente golpeados. A muchos de ellos les fue negada la atención médica necesaria y otros que fueron llevados a los hospitales fueron sacados y llevados a la cárcel Modelo.

También se reportaron, aunque en menor grado, acciones de represión en David, Colón y Veraguas.

‘Doberman ’ atacan

Los agentes ingresaron a la iglesia del Santuario Nacional de Corazón de María persiguiendo a los manifestantes. Cuando estuvieron dentro del templo arrojaron gases lacrimógenos. El cura párroco de entonces, Rómulo Emiliani, calificó lo actuado como una "profanación".

Cárcel a los manifestantes

Según cifras de la CCN, 638 personas fueron detenidas, de las cuales 275 mujeres fueron llevadas al cuartel de la Caballería, ubicado en Panamá Viejo.

Un grupo de detenidos salió el 15 de julio, luego de que el presidente Del Valle concediera un indulto presidencial.

Igualmente la CCN reportó que hubo 198 heridos de perdigón y 185 carros fueron objeto de vandalismo por miembros de las Fuerzas de Defensa.

No se sabe con exactitud cuántas personas fueron llevadas a la antigua cárcel Modelo, pero algunos de los detenidos contaron los momentos de horror a que fueron sometidos.

Uno de ellos fue Jaime Abad, ex director de la Policía Técnica Judicial, quien describe lo sucedido como una serie de torturas sistemáticas para someter a los apresados.

Asimismo, Giovanni Niedda, en su libro Viernes Negro, dejó plasmada la difícil situación por la que tuvieron que pasar quienes se atrevieron a exigir un país en el que hubiera democracia, justicia y libertad.


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