Es una capital que hospeda cerca de dos millones de almas que disfrutan de un sol tropical matizado por la brisa fresca de las montañas. Y de un paisaje que, desde casi cualquier punto, es de postal. El Mirador de Guápulo, por ejemplo, ofrece una panorámica de abismos borrascosos y carreteras como culebras en ascensos o descensos espinosos. Es una visión impregnada de verdes, animados por el color de los tapetes que un vendedor, en sombrero de fieltro, pone frente a los ojos de nosotros, los turistas.
En medio de las laderas sembradas o pobladas se aprecia una explanada de casas y edificios sin patrón arquitectónico evidente, cuyos trajines, cansancios y carencias se ven matizados por una naturaleza generosa en verdores.
Quito es una capital del tercer mundo, ¡imposible ocultarlo!, que como toda familia de bien, venida a menos, hizo lo que pudo por reparar calles, pintar fachadas y esconder mendigos antes de que llegaran las visitas (con motivo del Miss Universo). Y es que sus gentes modestia aparte descienden de conquistadores, colonizadores y (no lo repitas) frailes. Y son los herederos de un pasado glorioso.
Quito colonial
Quito colonial, declarado patrimonio de la humanidad, es un área de cierta envergadura y con un buen número de edificaciones importantes, amplias plazoletas, aceras adoquinadas que facilitan el recorrido al peatón y un trole que recorre muchas de sus calles angostas.
Lastimosamente, muchas de los edificios de balcones enrejados, que alguna vez fueron residencias de la aristocracia quiteña, albergan en las plantas bajas negocios de baratijas. Esto, sin embargo, se olvida cuando se penetra en el núcleo del conjunto.
Un buen punto de partida para el recorrido (con calma, que la altura aprieta el pecho) es la Plaza Grande y el Monumento de la Independencia, (s. XVI-XX), de estilo neoclásico. Una columna de mármol y bronce representando a un león herido se yergue en medio de esta plaza, que está rodeada por varios edificios importantes: el Palacio de Gobierno (s. XVIII-XIX), de fachada estilo neoclásico e interiores destinados a las faenas del Ejecutivo; el antiguo y ecléctico Hotel Majestic y, enseguida, el Palacio Arzobispal (ss. XIX y XX), un edificio neoclásico con tres patios internos cuya fachada está tallada con símbolos de la iglesia. En su primer alto, este palacio alberga un restaurante que, a juzgar por el nombre "Mea Culpa", lo dejará caer en tentación, con platos como los Langostinos al obispo. (Tel 295-1190)
Siguen el edificio de Pérez-Pallares, cuya restauración ha merecido un importante premio; el Palacio Municipal, de arquitectura contemporánea; y la Catedral, un templo de tres naves, cuyo cielo raso simula el estilo mudéjar.
Muy cerca de esta plaza, está otro punto obligatorio: la Iglesia de la Compañía de Jesús es el templo barroco más importante de Quito y un edificio que, por sí solo, hace valer la visita a esta ciudad. Destacan su fachada, las columnas salomónicas y los distintos símbolos tallados en piedra volcánica. Está en restauración, pero ni el ruido ni el polvo, impiden apreciar la riqueza artística de sus tallas doradas.
Siguiendo con la caminata, avanzamos hacia la Plaza de San Francisco y su mítico convento, uno de los más antiguos del continente, (s. XVI), en el que podrá escuchar una de las doce misas que a diario se celebran para acoger a sus muchos feligreses. Es una iglesia en la que la presencia humilde del mestizo, los tablones de madera rústica y la música del órgano crean un ambiente de espiritual tibieza. En el monasterio adyacente, un patio interno se abre al cielo, a las montañas, en fin, al paisaje quiteño tantas veces admirado.
Además de las mencionadas, hay otras iglesias que se pueden incluir en el recorrido: San Roque, Santo Domingo, El Sagrario, La Merced, la Concepción, San Agustín y la Basílica. No en vano una de las calles que atraviesan este viejo barrio se llama "de las Siete Cruces".
Lo aconsejable es hacer el recorrido de la mano de un guía, pues son calles intrincadas, plazas pobladas de hombres y mujeres, en las que aquel servirá no sólo como referente histórico, sino como brújula y como escolta.
Otra de las plazas que no se debe perder es la del Teatro, pero, en este caso, la visita puede ser nocturna, ya que el Teatro Sucre (s. XVII -XIX) inauguró el año pasado, en su primer alto, un restaurante & wine bar llamado Theatrum, que reúne los placeres de una decoración moderna, una ubicación romántica y un menú sofisticado. (Tel 257-1011).
Museos también hay varios, incluyendo el de la Ciudad, el Casa de Sucre, la Casa de Benalcázar, el de arte colonial y el antropológico, en el punto exacto (latitud 0) donde se marca la mitad del hemisferio, y en el que hay todo un pueblito de comercios dedicados a la venta de artesanías y meriendas.
Pero no todo es viejo en Quito.
Quito hoy
La capital del Ecuador cuenta con cadenas de hoteles americanos como el Radisson, el Swisshotel y el JW Marriott, del que se puede caminar a una especie de zona rosa encuadrada entre las avenidas Francisco de Orellana y La Coruña; y la 12 de Octubre y la Patria; y en la que hay restaurantes, bares, galerías, librerías y un mercado de artesanías en ebullición, donde los indígenas ofrecen textiles, cueros, orfebrería y cerámicas, a precios de "llévate dos".
De las comidas, diremos que los quiteños beben muchos jugos de frutas, incluyendo tomate de árbol, guanábana y mora. Que el denominador común es la papa, desmoronada en una sopa que llaman locro, o frita con queso en el llamado llapingacho, que acompañan con huevos y chorizos. El maíz, en sus diferentes formas, incluyendo humitas y tamales, también es platito de todo menú. No faltan el puerco y los mariscos; y la atención es atenta y cordial.
Entre las experiencias culinarias, cabe mencionar un sitio, El Cráter, cuyo ambiente de cabaña, comida de primera y servicio amable, bien valen el ascenso sinuoso y empinado. Además, este restaurante ofrece la posibilidad de ver, niebla mediante, el único (?) cráter poblado del mundo.
Ese es Quito, la ciudad en la cima de una nación que tiene mucho que ofrecer, incluyendo un territorio insular, único e irrepetible, el cual recorreremos en el próximo número: El Parque Nacional Galápagos.
Nota: El viaje se realizó vía Copa Airlines, por cortesía de Viajes Tívoli, representante internacional de Celebrity Cruises.







