Relaciones peligrosas

Relaciones peligrosas
Elizabeth Taylor y Richard Burton en "Ivanhoe"

Daniel Domínguez Z. ddomingu@prensa.comUno piensa en las estrellas de cine y los asocia con millonarias cuentas bancarias, lujosas casas frente a la playa, automóviles deportivos, reconocimiento mundial. Pero como a cualquier persona también les hace falta satisfacer otra necesidad básica: ser felices.

Lo frecuente es que los famosos unan sus vidas con personas distantes del oficio cinematográfico o terminen con alguien relacionado con el ambiente artístico. Veamos el segundo grupo.

Si son actores, y además, les va bien, tarde o temprano les entrará el gusanillo de "¿por qué no trabajamos juntos?" En teoría parece interesante: van a estar juntos los meses que dure el rodaje, y encima, les pagarán.

Hasta ese momento todo va sobre ruedas. Pero, ¿y si no funciona la química de la vida real con la de ficción?, ¿si al estrenarse la película el público no responde? ¿si este resultado afecta la relación emocional?

El caso más reciente de fracasos de una pareja fue Jennifer Lopez y Ben Affleck, quienes se conocieron y se enamoraron durante la filmación de Gigli.

Desde entonces ambas figuras del firmamento fílmico salieron en decenas de revistas del espectáculo, sus movimientos fueron reportados por legiones de paparazzis , pero cuando la cinta debutó en Estados Unidos casi nadie fue a verlos.

Efectivamente, el estreno de Gigli fue un desastre de proporciones increíbles. Esta comedia tuvo un costo de 54 millones de dólares (un 35% del presupuesto se fue en pagarle los salarios a Lopez y Affleck) y en dos semanas ha recaudado la ínfima cifra de 4 millones.

Este pobre resultado afectó el siguiente proyecto que tenían la cantante y el ganador del Oscar. Ya tenían listo para diciembre Jersey Girl , pero su estreno será en algún mes del 2004, para ver si el cauce vuelve a su nivel.

Modesta recaudación, paz en la familia

Hay veces que la boletería no causa sorpresa, pues como no se esperaba que rompieran récord como Titanic , los resultados no registran un caos dentro de la industria como sí pasó con Lopez y Affleck, dos astros acostumbrados a que sus cintas por separado obtengan más de 80 millones de dólares en Estados Unidos.

Por ejemplo, Jude Law y su dama Sadie Frost participaron en el drama Final Cut (1998). No fue un éxito de taquilla, pero sobrevivieron. Algo parecido le pasó a Courtney Cox y David Arquette, que filmaron 3000 Miles to Graceland 2001), Scream 3 (2000) y The Runner (1999). Y lo más importante, siguen juntos.

Kim Basinger y Alec Baldwin formaron equipo en las modestas Ella siempre dice sí (1991) y The Gateway (1994) y Patricia Arquette hizo lo propio con Nicholas Cage en Bringing Out the Dead (1999). Esta vez las diferencias se resolvieron en los juzgados.

Warren Beatty y Annette Bening laboraron en Bugsy (1991) y Love Affair (1994) y nada en contra ocurrió. Lo mismo les pasó a Kurt Russell y Goldie Hawn con Overboard (1987) y Catherine Zeta Jones y Michael Douglas en Traffic (2000).

Amores fugaces

En otras ocasiones las luminarias se conocen durante el rodaje, en ese período de tiempo todos es color de rosa, pero se estrena la cinta, pasan unos meses y luego llega el adiós.

Así le pasó a Angelina Jolie y Billy Bob Thorton con Pushing Tin (1999); Renée Zellweger y Jim Carrey en Me, Myself & Irene (2000), y Meg Ryan y Russell Crowe en Proof of Life .

Hablando de Ryan, la reina de las comedias románticas fue por nueve años la esposa de su colega Dennis Quaid, con quien compartió marquesina en Flesh and Bone (1993).

Melanie Griffth también la hizo por partida doble. En su momento colaboró con Don Johnson en Born Yesterday (1993) y Paradise (1991) y más recientemente con Antonio Banderas en Crazy Alabama (el español tenía las riendas del proyecto).

Un reincidente en esa clase de comportamientos fue Tom Cruise, que rodó junto a su esposa Nicole Kidman la producción Ojos bien abiertos , después cada cual tomó su rumbo (ella después ganaría Globos de Oro y un Oscar) y Tom repitió la experiencia con su actual novia Penelope Cruz en Vanilla Sky .

También ocurre que uno de los dos asciende vertiginosamente y el otro queda rezagado, como se dio con Hank Azaria y Helen Hunt. La pasión duró casi tres años mientras participaban en la serie televisiva Mad About You , pero ella subió como la espuma con Twister y Mejor imposible y la separación no tardó en hacerse presente.

En tanto, Anne Heche, mientras sentía atracción por las chicas colaboró en 1994 en dos capítulos de la serie televisiva Ellen , protagonizada por su entonces compañera Ellen DeGeneres.

Tranquilos, todavía hay gente madura en Hollywood, que mantienen la luna de miel después de que la película es proyectada.

Así le pasó a Ethan Hawke y Uma Thurman en Gataka (1997) y en Chelsea Walls (2001, él la dirigió a ella); Edward Norton y Salma Hayek con Frida (2002) y Sean Penn y Robin Wright Penn con The Pledge (2001, él la dirigió).

Vamos más allá; hay quienes deberían aprender de Gwyneth Paltrow y Ben Affleck. Aunque las dos estrellas estaban separadas (salieron por dos años) sí mantuvieron la suficiente amistad para rodar Bounce (2000).

Dobles triunfales

El asunto es menos pesimista de lo que podría pensarse, ya que sí hay ocasiones en que la felicidad se da dentro y fuera de la pantalla grande.

Allí están Elizabeth Taylor y Richard Burton y sus estupendas interpretaciones en Ivanhoe y Traición , que pudieron más que sus riñas e infidelidades.

Tony Curtis y Janet Leigh se encontraron en El gran Houdini (1953), se casaron y repitieron la experiencia en títulos como Vacaciones sin novia , ¿Quién era esa chica? , Coraza negra (1954) y Los vikingos (1958).

Otra relación romántica, fructífera y conflictiva fue la de Spencer Tracy con Katherine Hepburn, quienes brillaron en filmes como La mujer del año y ¿Adivina quién viene a cenar?

Ni que decir de Lucille Ball y Desi Arnaz, que entre 1951 y 1957 fueron los intocables de la televisión norteña con I Love Lucy y repitieron la fórmula con Lucy-Desi Comedy Hour (1957-60). Aunque pasó algo curioso, separados ninguno mantuvo su liderazgo ante los espectadores.

Tú actúas y yo dirijo

Un día Madonna decidió trabajar con su esposo, el director Guy Ritchie en Swept Away , pero la cinta recaudó apenas dos millones de dólares en Inglaterra. Para evitar que el bochorno fuera mayor decidieron estrenarla directamente en video para el mercado norteamericano.

Otra relación laboral poco lucrativa entre esposa actriz y marido realizador la encontramos en Geena Davis y Renny Harlin, quienes compartieron chamba en The Long Kiss Goodnight y Cutthorat Island (¿a alguien le suena?). La relación de trabajo y la sentimental terminaron abruptamente.

A Tim Burton y Helena Bonham Carter les fue de forma aceptable con El planeta de los simios (2001). Es que el excéntrico cineasta tenía experiencia cuando dirigió a su anterior chica, Lisa Marie, en Sleepy Hollow (1999), Mars Attacks! (1996) y Ed Wood (1994).

Unos que saben de negocios más que de amores eternos son Linda Hamilton y James Cameron, que estando separados trabajaron en Terminator (1984) y Terminator 2: Juddgment Day (1991).

Unos que conviertieron su relación en un tinglado de boxeo fueron Judy Garland y Vicente Minelli, que a pesar de todo triunfaron como intérprete y director con Meet Me in St. Louis (1944) y El pirata (1948).

Por su parte, Woody Allen, cuando encuentra una musa le cuesta soltarla hasta que finaliza todo en separación de mutuo acuerdo o se odian públicamente con todas sus almas. Lo primero se dio con Diane Keaton, a quien dirigió en películas como Annie Hall (1977) y Manhattan (1979) y lo segundo se registró con Mia Farrow, quien recibió sus órdenes artísticas en filmes como Hannah y sus hermanas (1986) y Zelig (1983).

Sobre matrimonios que pasan la prueba de la felicidad tenemos a Tim Robbins y Susan Sarandon y Joen Coen y Frances McDormand.

Robbins dirigió a su compañera en The Craddle Will Rock (1999) y Dead Man Walking (1995, por la que ganó ella un Oscar). Y Coen hizo lo mismo con McDormand en Fargo (1996, ella ganó una estatuilla dorada), The Man Who Wasnt There (2001) y Bloode Simple (1984, cuando comenzó el romance).

Es posible que en Europa el asunto sea más relajado, quizás porque no hay esa obligación de convertir cada película en oro puro.

De repente eso ayudó a la relación entre Lena Olin y el cineasta Lasse Hallstrom, que estuvieron cada uno haciendo lo suyo en Chocolate ; a Franka Potente y Tom Tykwer en Corre Lola, corre y Der Krieger und die Kaiserin ; a Roberto Benigni y Nicoletta Braschi en La vida es bella y The Monster (entre otras) y a Milla Jovovich y Luc Besson en La historia de Juana de Arco y El quinto elemento .

Parejas ficticias

Como en la vida hay de todo, es válido que ocurra lo contrario de lo que hemos escrito hasta ahora. Es decir, hombres y mujeres talentosos y estimados por la audiencia en las películas y que en la vida de verdad no sienten nada el uno por la otra, o por lo menos eso es lo que manifiestan durante la gira promocional de la cinta.

Prueba de esto lo tenemos en Judy Garland y Mickey Rooney ( Los hijos de la farándula y Armonías de juventud ); Errol Flynn y Olivia de Havilland, que coincidieron en nueve historias ( Capitán Blood y Robín de los bosques ); los cuatro encuentros de Tyrone Power y Linda Darnell (principalmente en Sangre y arena y El signo del zorro ); Deborah Kerr y Stewart Granger (especialmente en Las minas del Rey Salomón y El prisionero de Zenda ) y Clark Gable con Ava Gardner ( Mogambo , Las nieves del Kilimanjaro y 55 días en Pekín ).

Más recientemente tenemos a Michael Douglas y Kathleen Turner en Romancing the Stone (1984) y La joya del Nilo (1985) o Meg Ryan con Tom Hanks ( Joe contra vulcano , Tienes un e-imail y Sleepless in Seattle ) y Julia Roberts y Richard Gere en Pretty Woman (1990) y Runaway Bride (1999).

Quiero finalizar con un happy end gracias a It Runs in the Family , una cinta eminentemente familiar, pues convocó a los cuatro Douglas en un mismo set de grabación, o sea, a Kirk, Diana, Michael y Cameron.

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