Los goles aparecieron en el Rommel.
Esos que tanto hacían falta, por fin se dieron cita en esta hexagonal, con un Gaby Torres que demostró por qué es el diferente y por qué siempre debe ser titular.
Méritos para Bolillo.
Sí, para Bolillo Gómez.
Sé que he sido uno de los principales críticos del estratega colombiano, pero ante Trinidad y Tobago debemos reconocer que tuvo varios aciertos.
Empezando con la confianza en Gaby.
Otros lo hubiesen sentado por su fallo ante México, pero no el profe, y así le pagó Torres, con un golazo que debe estar en el top 3 de la historia de Panamá en eliminatorias.
Mérito por apostar por Michael Murillo en el lateral derecho.
Sentar a Machado no debió ser fácil, pero hace rato dejó de ser lateral.
Se dice que de los errores se aprende, y punto para Bolillo por replantear.
Aprendió que Blas Pérez está para un partido y supo escoger cuál.
Pero entre tantas cosas positivas, también hay que decir lo malo.
Si valoramos sus aciertos, también hay que recalcar una falencia que viene persiguiéndolo en todo este camino al Mundial.
Otra vez la falta de un sustituto para Gavilán dejó a todo el cuerpo técnico viendo qué hacer.
Primero se pensó meter a Baloy por Gavilán y subir a Fidel Escobar al mediocampo. Luego se lesionó Román Torres y no quedó otra que meter a Cooper por Gavilán.
Ahora, atentos, se le ganó al último lugar.
¡Calma pueblo!
Todavía falta lo más difícil. Y es aquí donde esa experiencia, sí, esa experiencia de los cuatro Mundiales debe salir a flote para guiar a un seleccionado que ya estuvo por estos lares hace cuatro años y se perdió en la recta final.
Por eso aplaudo la acción final del Bolillo de apagar la música en el vestuario al final del partido, porque todavía no estamos para celebrar.
