EL AMARGADO

Bolillo o una ciudad deportiva

Debatía sobre escribir de la renuncia de Hernán Bolillo Gómez como técnico de la selección si Panamá perdía el martes contra Trinidad y Tobago, o sobre la realidad de la Ciudad Deportiva Irving Saladino, esa misma que desde su inauguración en 2010 solo he visto que sus estacionamientos se han convertido en pista de karting, para autos a control remoto, para el patinaje lineal y como sede de una u otra feria.

Lo de Bolillo puede ser una estrategia para llenar el estadio de fanáticos tras la derrota ante México en el estadio Azteca, pero lo de la ciudad deportiva es patético, agobiante y un despertar en la mañana confirmando que a nuestras autoridades deportivas no les interesa el deporte. Sigue igual que en 2010, silenciosa los fines de semana y moribunda los días de semana.

Hay que recordar que la ahora ciudad deportiva Irving Saladino, ubicada en Juan Díaz, ya contaba con el Rommel Fernández, piscina Eileen Coparropa y el gimnasio Roberto Durán cuando fue encerrada por una cerca perimetral en 2010, todas las mejoras por un valor cercano a los 90 millones de dólares. En ese entonces se creó un edificio administrativo y un centro de alto rendimiento físico, bueno, eso dicen los papeles, aunque en la realidad todos sabemos que ese centro no tiene nada de alto rendimiento. Así hemos visto pasar administraciones y la ciudad se ha mantenido casi intacta, es más, el edificio de la administración donde supuestamente se tejerían las ideas para fomentar el deporte y sería custodio de las grandes hazañas deportivas, ha sido dirigida por ocho directores desde su reapetura.

Bueno, así de importante es nuestro deporte y nuestra ciudad. El tiempo ha pasado y ya El Salvador tiene mejores instalaciones... pero volvamos a nuestra amarga realidad, la Ciudad Irving Saladino, cuyo nombre proviene del único ganador de una medalla de oro olímpica para Panamá, no cuenta con un estadio especializado para el atletismo, una falencia imperdonable para un deporte que saca la cara por los panameños y que es el único con las dos preseas olímpicas en su historia.

Por eso decía Saladino que no alcanzaba a entender cómo se tenían que pelear con el fútbol para usar el estadio Rommel Fernández. Así que no me arrepiento en insistir en que mejorar la Ciudad Deportiva Irving Saladino con ideas y edificaciones es una necesidad, no una necedad o advertencia de que me voy si pierdo ante Trinidad y Tobago. Técnicos tendremos más, pero ciudades deportivas por el momento solo hay una, y hay que darle la intención para la que fue creada, como un centro de alto rendimiento que ayude en la formación de atletas, y no para que sus estacionamientos sean utilizados como pista o de sede para ferias.


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