El martes terminó la era del Bolillo Gómez con Panamá, que la culminó con la clasificación al Mundial de Rusia 2018. Hoy, muchos lo aplauden y le agradecen por haber llevado al país a su primer Mundial, para ellos es un héroe más de la clasificación a Rusia. Sin embargo, hay muchos otros que están contentos de que se fuera, porque para ellos el colombiano no hizo nada y todo se debió, argumentan los detractores, a la suerte que tuvo con un plantel que fue el que lo hizo todo , y con el desenlace de la eliminatoria. Percibo de estos últimos que esta selección hubiera clasificado sin entrenador al Mundial porque sus jugadores eran demasiado buenos.
Cuando nos quedamos a las puertas de un repechaje para el Mundial de Brasil 2014, pasó algo parecido con los hermanos Dely Valdés. Se los culpó a los dos colonenses, como pasó con Bolillo Gómez en Rusia, por terminar de últimos.
Siempre va a pasar igual, el fanático y el periodismo nunca van a quedar conformes, de alguna manera nos volvemos “irracionales” , como solía decir el escritor uruguayo Eduardo Galeano: “El fanático es el hincha en el manicomio. La manía de negar la evidencia ha terminado por echar a pique a la razón y a cuanta cosa se le parezca, y a la deriva navegan los restos del naufragio en estas aguas hirvientes, siempre alborotadas por la furia sin tregua”.
Bolillo Gómez no fue santo de mi devoción, ni yo para él. Al principio teníamos buena comunicación y mi nombre fue de los primeros que se aprendió en las conferencias de prensa, pero una vez comencé a criticarlo en mis columnas caí en desgracia con él, como pasó con el resto de los colegas que lo cuestionaban.
Pero el que hayamos tenido diferencias no me oscurece la mente para reconocer y agradecerle la clasificación al Mundial. Por mucho que haya gente que lo odió, como se palpa en las redes sociales, pienso que algo bueno tuvo que haber hecho para haber clasificado a Panamá. Por ejemplo, pienso que el camerino cambió con un entrenador que es motivador, les hizo creer a su manera a los jugadores que sí se podía clasificar. Claro que tuvo errores como cualquiera, pero el técnico tiene parte del mérito de lo que se alcanzó, no reconocérselo es de necios. Ninguna selección clasifica a un Mundial sin entrenador.
Ya en lo deportivo, en Rusia, se dio lo que muchos nos esperábamos, con este equipo ni Bolillo ni el que fuera lo iba a clasificar a octavos, para mí fue la selección que menos fútbol presentó, se hizo el esfuerzo, pero en los mundiales se necesita más que eso. Igual como ha pasado con las selecciones Sub 20, que solo han ido a participar así hayan clasificado en cinco mundiales. Ese es del ADN de Panamá en los mundiales.
El jugador panameño se ha superado individualmente por jugar en el exterior, pero todavía le falta mucho para que esa contextura y ese biotipo del que tanto nos vanagloriamos con nuestros futbolistas, se compagine con técnica, fuerza, calidad y otros elementos que se necesitan para hacer competitiva a una selección.
La clasificación al mundial fue más que todo el producto de un largo proceso de más de 10 años con un bloque al que se le fueron sumando jóvenes en los últimos años, ese bloque lo tomó Bolilllo Gómez y le hizo sus ajustes en la cancha y en sus cabezas. No hizo mayores cosas durante su proceso, porque la federación fue complice de no haber aprovechado toda esa basta experiencia con más trabajo en las bases, pero al final el objetivo se consiguió gracias a los jugadores y a su entrenador.
Ahora el técnico que venga tendrá que clasificar al Mundial si no será un fracasado, sin importar lo que le deje al fútbol panameño. Así es el fútbol, así el fanático y así es el periodismo.