Eric Molino G. Especial para La Prensa deportes@prensa.com Si vemos los resultados de los 37 Super Bowls efectuados, 21 de los mismos (56.75%) terminaron con un marcador de 14 o más puntos de diferencia.
Si se toma en 10 o más la diferencia, suman 26 (70.27%) partidos finales, en los que el ganador se distanció al menos por un TD y un gol de campo del perdedor.
De tal manera, que es más bien la rutina en Super Bowls, que uno de los contrincantes domine en forma categórica. Los juegos cerrados (nueve puntos o menos) son la excepción.
Entonces, el resultado de 48 a 21 en sí no es una sorpresa, pero sí es sorprendente que el equipo derrotado por ese margen haya sido el de los Raiders, con una ofensiva tan productiva durante la campaña regular y en la post temporada.
Se vuelve a ratificar la constante histórica que las defensas son la clave para ganar el Super Bowl.
No obstante, hoy se acepta que solo con defensa no se puede ser campeón. Sería injusto, aún con los 21 puntos anotados por los defensivos de Tampa Bay, decir que la ofensiva no era necesaria para ganar.
Nunca antes en un Super Bowl se habían anotado tantos puntos directamente por una defensiva. Incluso, y sin demeritar a la defensa #1 de la temporada, las dos últimas anotaciones fueron más producto de la desesperación de Oakland que del esfuerzo individual de los anotadores.
En cambio, la ofensiva bucanera tuvo números altamente meritorios, que son tan dignos de destacar como cada una de las INT devueltas para TD.
Así, la ofensiva logró 365 yardas totales, 150 yardas por tierra (ante la defensiva #3 contra la corrida), 24 first downs y controlaron el ovoide durante 37:14 minutos.
Los Buccaneers manejaron la pelota durante 15 minutos más que los Raiders, lo que equivaldría a haber tenido la bola todo un cuarto extra de juego para ellos.
Michael Pittman (29 corridas para 124 yardas), Keenan McCardell (2 recepciones para TD), Keyshawn Johnson (6 recepciones para 69 yardas), Mike Alstott (1 TD), Joe Jurevicius (4 recepciones para 78 yardas), Brad Johnson (18 de 34, 215 yardas, 2 TD, 1 INT), Martín Gramática (2 goles de campo y 6 puntos extras para 18 puntos) y toda la línea ofensiva que por segundo juego consecutivo no toleró ningún sack, son el mejor ejemplo de que la victoria fue tan ofensiva como defensiva.
Cierto es que al final los 5 sacks, 5 INT, 13 yardas terrestres toleradas (tercera menor cantidad en S.B.) y los 21 puntos anotados, son una credencial irrefutable de la defensa.
Insistimos que los 21 puntos defensivos no son lo principal del equipo, aunque en sí, constituyen una marca. Prueba de esto es que el elegido como el Jugador Más Valioso del partido fue el zaguero Dexter Jackson, que de los tres que realizaron INT, fue el único que no anotó. La diferencia está en que las 2 INT de Jackson sí contribuyeron en forma decisiva a la victoria, pues fueron vitales por el momento en que ocurrieron y fueron las que dieron el giro a favor de los de Tampa, para despegarse y nunca mirar atrás.
Rich Gannon y la ofensiva de Oakland tuvieron como premio, el mostrar pinceladas de su grandeza con los dos TD de bomba para Porter y Rice.
Dicho sea de paso, el TD de Jerry Rice lo convierte en el mayor anotador de TD en la historia de la post temporada.
Gannon implantó el nada envidiable récord del QB más interceptado en un Super Bowl.
Tal parece que la inexperiencia en esta clase de evento afectó a los que menos se esperaban.
Dijimos que Jerry Rice, Rod Woodson, Sam Adams y Bill Romanowski tenían experiencia en Super Bowls y que esto le daba ventaja a los Raiders sobre los Bucs, pero lo cierto es que Gannon y Tim Brown, que eran tan inexpertos en estas lides como cualquiera de los Buccaneros, fueron quienes se afectaron mucho de una especie de miedo escénico inesperado.
Brown tuvo una sola recepción para 9 yardas (dejó caer un montón de pases) y Gannon fue capturado 5 veces, golpeado y perseguido en innumerables ocasiones y claro está, lanzó las 5 INT, que opacan por completo sus 272 yardas y 2 TD.
Ni uno ni otro hicieron gala de sus habituales habilidades. Quizás para ellos el mayor motivo de presión no era el juego en sí, sino su edad, que es el mayor obstáculo para enfrentarse a una nueva oportunidad.
Finalmente, queda la sensación del cuento con final feliz cuando vemos que todo el embrollo por los 8 millones de dólares y los piques del reclutamiento del 2002 y 2003, valieron la pena, porque Jon Gruden se convirtió en el entrenador más joven en llevar a su equipo a la obtención de un trofeo Vince Lombadi (39 años y 162 días).
Haciendo la analogía con el cuento de hadas, el anciano rey (el propietario Malcolm Glazer), envía a sus príncipes (Joel, Bryan y Ed Glazer) en busca de un guerrero que dirigiera sus tropas para defender el reino.
Un famoso y veterano guerrero no aceptó el reto (Bill Parcells), por lo que los príncipes tuvieron que liberar a un joven valiente (Jon Gruden) de los dominios del más temible de los magos (Al Davis), quien los ayuda a cambio de oro (8 millones y 4 piques) porque no los consideraba una amenaza.
El ejército de los príncipes (los Buccaneers) va ganando coraje y poderío, hasta que en la batalla final, se enfrentan a las propias huestes del terrible mago (los Raiders) por el control del imperio.
El final del cuento usted ya lo sabe; Buccaneers 48, Raiders 21.
Felicidades a los Glazer, Gruden y sus Buccaneers del 2002-2003, pues literalmente encontraron la manera de ganar un Trofeo Vince Lombardi, luego de 27 largos años de sinsabores.

