La calidad del espectáculo ha perdido credibilidad y confianza por muchos factores que mantienen alejados a los fanáticos de los coliseos, un fenómeno que ni esta ni la anterior dirigencia han encontrado los mecanismos para solucionarlo.
Un golpe demoledor Los casos de dopaje detectados en los Juegos Centroamericanos y del Caribe de El Salvador y en la Copa Intercontinental, fue un golpe demoledor para la imagen del béisbol y un penoso incidente cuyas secuelas siguen latentes y han arropado de luto la actual temporada.
Lo peor de todo en este penoso incidente es que se ha hecho muy poco, por no decir nada, para trabajar en el rescate de estos atletas, que dieron positivo durante su participación en estas competencias internacionales.
Se supone que son atletas que han probado una correcta conducta, gran moralidad y disciplina, por lo que era lógico que se hubiera apelado a la sensibilidad de la sociedad panameña, para protegerlos y permitir que pasen este río tormentoso para cuando regresen puedan seguir dando lauros al país.
Todo lo contrario, fueron abandonados a su suerte y cada día le echan más culpa de la que ellos puedan tener.
Ayer, nada más en el espacio radial escuche al colega Enrique Clark (Síntesis Deportiva) cuando confirmaba, en una declaración de un federado, la culpabilidad de los peloteros que dieron positivo en el exterior, tras practicarse la segunda muestra por parte de las autoridades internacionales.
Me pregunto: ¿qué hubiera pasado si las autoridades deportivas encargadas de preparar una delegación le practican la prueba a todo el mundo? Entonces no habría pasado nada.
Sencillo, automáticamente el que no está en regla no podría competir.
Tristemente el mismo drama y la amarga experiencia que han pasado muchos otros peloteros sancionados por usar sustancias prohibidas o tirados a la basura por lesiones que nunca fueron tratadas por no contar con una atención nivel profesional.
Por mencionar solo algunos casos, como el de Tomás Simittí y el lanzador Aristides El Brujo Núñez, quien dejó de jugar por una úlcera estomacal.
Caos en la imagen Pero eso no es la única situación que aún está en el aire esperando que se haga algo para trabajar en el rescate de estos atletas de primer nivel, que han hecho falta en una temporada escasa de peloteros con liderazgo y carisma.
La conducta de algunos jugadores y lo que es peor el comportamiento de los fanáticos en las gradas, y otro tipo de situaciones han contribuido a dañar más la imagen del béisbol criollo.
El caso del pelotero metropolitano Jorge Gómez (torneo juvenil) y el chiricano Emilio Salcedo, quienes agredieron físicamente a fanáticos, inició una ola de críticas a la anterior y presente dirigencia.
Justificadas todas. En el primer caso ni siquiera hubo sanción y lo que es peor, tanto los dirigentes como los técnicos se limpiaron con una leyes que no responden a la necesidad de hacer correctivos, sino que fomentan más el desorden.
No defiendo la acción del fanático que insultó a Salcedo, pero, ¿a juzgar por la forma en que reaccionó, la suspensión que recibió era la indicada?
Salcedo reportó lo que estaba sucediendo, ¿dónde estaba la seguridad hacia el pelotero en esos momentos?
¿La suspensión y la demora de la investigación tuvo algo que ver con el equipo que representa Salcedo?, es una pregunta que se quedó en el aire.
Un grave problema Definitivamente, el béisbol nacional, ahora en manos de un dirigente que conoce el oficio que maneja y también los movimientos que le rodean políticamente, está pasando por un momento muy difícil.
Pero bueno, sería prematuro exigirle al legislador Franz Wever soluciones a la carrera de un problema que va más allá de las esferas deportivas y que toca en sus narices a una sociedad golpeada por la pérdida de valores morales.
Aunque se supone que tiene la autoridad y los conocimientos para comenzar a poner orden y echar a andar desde ya los planes que le sirvieron de estandarte en la campaña electoral.
¿La cúpula que gobernó por 12 años el ingeniero Eduardo De Bello, no llevó a cabo todos sus planes, pero dejó al béisbol ubicado en el mapa mundial?
La imagen interna que proyecta el béisbol panameño no es la mejor, y necesita un boom que revolucione toda su estructura y le devuelva la confianza a los fanáticos.
