La hípica del mundo recoge con aprecio un sinnúmero de anécdotas dentro de su riquísima historia, sin embargo, pocas de éstas tienen su inicio en la competencia sana, puramente deportiva, fijada en la única meta posible de alcanzar entre hermanos: superarse a sí mismos.
Carlos y Fernando Eleta Almarán reúnen las cualidades intrínsecas en el llamado hípico de tuerca y tornillo, una mezcla de sentimientos que produce ese amor profundo por los purasangres de carrera; en el caso de ambos, criarlos y verles cruzar la meta en primer lugar representa la máxima satisfacción.
Los años de juventud en el hipódromo de Juan Franco, la primera compra hípica, el primer ganador, el primer ganador criado, el primer Clásico del Caribe... todo conjugado resulta que presenta más de 100 años de hípica resumidos en el apellido Eleta Almarán.
Recuerda Fernando que con su primer ejemplar no ganó ni una sola carrera, a pesar de una serie de intentos. Esa situación, lejos de amilanarlo, le animó a comprar un mejor caballo para ver sus colores triunfar.
Don Carlos, entre tanto, tuvo un poco más de suerte, porque sus ejemplares llegaron a la meta, pero hasta el momento de ganar una carrera, toda la emoción contenida fue desbordada profusamente.
Juntos, aunque separados La decisión de separarse fue mutua y compartida. Hicieron dos listas con los padrillos y las yeguas que cada uno se llevaría a su criadero propio, pero al final, uno quería la mitad del otro, y así, se inició formalmente esta leal competencia hípica y familiar.
Nos iniciamos juntos, hemos seguido adelante, aunque desde hace algunos años con criaderos diferentes, pero esencialmente, tratando de mejorar la crianza del purasangre de carrera en Panamá, apunta don Fernando.
Con la separación de los hermanos, era lógico que cada uno escogiera el lugar que consideraran el mejor para criar caballos de carreras.
Proyectos exitosos El haras San Miguel, de Carlos Eleta Almarán, se mantuvo en la parte baja de la provincia de Chiriquí, mientras que el haras Cerro Punta, de Fernando, se fue a lo más alto de esta región del país.
Preferí quedarme con las tierras del San Miguel, porque me permitió desarrollar una idea basada en el fortalecimiento de la hierba que come el ejemplar en sus primeros meses de vida, así fue que pude desarrollar, gracias al aporte de un gran amigo, la cría del purasangre con la hierba Alicia, altamente rica en nutrientes y con el grado óptimo para ser asimilada con rapidez y eficacia por el organismo equino, explicó don Carlos.
Fernando, entre tanto, decidió que la altura de Cerro Punta era ideal para expandir la oxigenación del ejemplar de carreras, logrando de esa forma la cría de caballos con buen fondo para la distancia de aliento; unido a una alimentación de primera línea, científicamente programadas.
Los resultados son obvios. Sólo basta mencionar a Montecarlo, Barremina, Leonardo, By Pass, Espaviento, Angelical, Charlie, Evaristo Man On The Moon, Kazán, Steffany´s, todos con una historia marcada en la hípica nacional e internacional.

