“Mientras tenga fuerza seguiré en el boxeo y entrenando a los jóvenes que buscan abrirse paso en este difícil deporte”.
Con esas palabras agradeció Rigoberto Garibaldi el reconocimiento por parte de la Federación de Boxeo Olímpico de Panamá de dedicarle la versión 43 de los Guantes de Oro, un torneo reservado para los mejores púgiles aficionados de Panamá.
“El boxeo me ha dado mucho y ha sido parte importante de mi vida”, puntualizó Garibaldi, quien como boxeador en 1973 fue campeón de este certamen Guantes de Oro, lo que se convirtió en vitrina y trampolín para lo que logró como pugilista y lo moldeó para lo que es hoy, un destacado entrenador.
Garibaldi nació un 27 de diciembre de 1956 en El Marañón, el populoso barrio capitalino. Garibaldi, en las filas aficionadas tuvo su gran momento en 1974, cuando logró para Panamá la medalla de bronce en peso pluma del Campeonato Mundial en Cuba. Pero ese mismo año también consiguió los primeros lugares en el Campeonato Centroamericano y del Caribe de Boxeo, verificado en República Dominicana, y en la Copa Carabobo en Venezuela, triunfos que lo llevaron a ser conocido como el “pluma de oro”.
Pero como él mismo lo define, “una mala y apresurada decisión” lo llevó a pasar al boxeo profesional, cuando se vislumbraba como un potencial púgil para lograr una presea olímpica en los Juegos a celebrarse en 1976 en Montreal, Canadá.
“El entrenador cubano Ángel Cruz, quien estaba a cargo del supercampeón pesado Teófilo Stevenson, me aconsejó que me mantuviera en el boxeo amateur, y que me fuera a practicar a Cuba con la selección de ese país, pero pesaron más algunos dólares que pusieron en mi mano”, rememoró Garibaldi, quien dejaba las lides aficionadas con récord de 31 peleas, 29 victorias y 2 derrotas y la histórica medalla mundialista de bronce sobre su cuello.
Al enfilarse en el profesionalismo, no lo hizo con la misma motivación, por lo que su carrera fue corta, de tan solo 14 combates, con un saldo de 10 victorias, 3 descalabros y 1 empate. “Me sentía decepcionado y eso me llevó a colgar de forma apresurada los guantes”.
A ENTRENAR
Cuando el boxeo empezó a formar parte de su pasado, comenzó en 1979 a trabajar como guardia de seguridad en el entonces Instituto Nacional de Deportes (INDE).
Pero en 1980, otra luz alumbró su destino, cuando se le reconocieron sus méritos como un destacado boxeador aficionado y se le trasladó para que laborara como entrenador y así empezó su otra faceta de éxito dentro del mundo del boxeo, la de entrenador, que aún mantiene en vigencia.
Garibaldi recuerda cuando con tan solo tres boxeadores logró el segundo lugar en el Campeonato Centroamericano de Boxeo en 1991 en El Salvador.
“Con Guillermo Jones y Miguel Callist conseguimos las medallas de oro y William De Sousa la de plata”. Pero también sufrió otra frustración. “Jones y Alexis Ramos habían ganado sus cupos en el Preolímpico y tenían oportunidad de medallas en los Juegos Olímpicos de Barcelona en 1992, pero no pudieron participar por las diferencias entre los dirigentes de la federación de boxeo y los del Comité Olímpico de Panamá”.
FORJADOR DE CAMPEONES
La trayectoria como entrenador de Garibaldi se caracteriza como forjador de campeones. Como parte de la cuadra de Luis Spada estuvo en las esquinas de Guillermo Felino Jones y Carlos Púas Murillo.
“Por mis manos pasaron muchos prospectos, pero una de las mayores satisfacciones la tuve cuando subí como entrenador en dos pelas que ganó el mejor boxeador panameño y latino de todos los tiempos, Roberto Cholo Durán”.
Pero los conocimientos de Garibaldi trascendieron fronteras, cuando estuvo a cargo de los campeones mundiales nicaragüenses Rosendo Búfalo Álvarez, Ricardo Matador Mayorga y Adonis Rivas.
En la actualidad se mantiene como instructor de boxeo en Pandeportes, donde contribuyó a los entrenamientos de la campeona mundial Atheyna Bylon en el momento en que se preparaba para alcanzar el título.
(Con información de Rodolfo Newland/Pandeportes)

