Causante frecuente de decepciones y vergüenzas, la selección de Inglaterra se constituye hoy como una fuerza unificadora entre sus jugadores y la nación.
Al menos en algunas partes del país, marcado por divisiones económicas, políticas y sociales como las que desembocaron en el brexit, el hecho de que el equipo haya llegado a semifinales en el Mundial representa una distracción bienvenida respecto del ambiente nacional enrarecido.
Los triunfos han brindado a más de un hincha inglés la oportunidad de treparse en un semáforo, lanzar cerveza y brindar por el éxito de los futbolistas, en una explosión delirante que no se observaba en el país desde el siglo pasado. Por primera vez desde la década de 1990, Inglaterra se ha instalado entre los cuatro mejores equipos de un torneo relevante.
Jugará el miércoles ante Croacia por un sitio en la final, luego de doblegar el sábado 2-0 a Suecia.
“Es la oportunidad de conectar a todos mediante el fútbol y de marcar una diferencia respecto de la forma en que se siente la gente”, opinó el seleccionador inglés, Gareth Southgate. “Eso es incluso más importante que lo que estamos haciendo en cuanto a nuestros resultados. Es muy especial”.
Hoy, ciertamente, hay más días soleados para la selección inglesa.
