Con dos años, la selección de fútbol playa que clasificó al Mundial, ganó el Premundial de Concacaf en su segunda participación venciendo a Estados Unidos, México y El Salvador, países con más estructura, tradición y años de practicar esta modalidad. Ni qué hablar del fútbol sala, que sin estructura ni nada ya ha ido a dos mundiales de Futsal.
Ahora el entrenador Hernán Darío Bolillo Gómez, mundialista y con un palmarés envidiable, quiere vendernos la idea que porque Estados Unidos y México tienen estructura, liga, jugadores y mucha gente, no le podemos ganar en eliminatorias, por lo menos en el Rommel Fernández. Para él ese punto con Estados Unidos suma y para nada se perdieron dos.
Cada uno es libre de opinar y respeto su parecer, pero en nada lo comparto. Por eso, a través de este espacio exhorto a los jugadores de categorías menores para que no copien ese pensamiento derrotista del técnico colombiano, que me parece un mal ejemplo, porque si ustedes, que son el mañana de la selección mayor, se comen ese cuento, vamos a seguir pensando que aquí nunca se les puede ganar a los dos colosos de Concacaf y siempre vamos a conformarnos y celebrar los empates con México y Estados Unidos.
Si ustedes quieren ser grandes aprendan del fútbol playa y del fútbol sala, las selecciones cenicientas de la Fepafut, que sin mucho apoyo y cero estructura han hecho de tripas corazón para estar en la máxima cita de sus especialidades.
Si ustedes van a llegar al equipo mayor con el pensamiento que viene promulgando el Bolillo Gómez nunca van a crecer.
México y Estados Unidos son potencias; ganarles en su casa es hoy todavía complicado, pero vencerles en el Rommel no parece imposible. Al menos eso vimos el martes con la digna presentación que hizo el equipo mayor que solo careció de puntería y cabeza fría para terminar en gol las jugadas ofensivas que se hilvanaron.
Entiendan ustedes, como la generación del mañana, que a los rivales siempre hay que respetarlos por muy modestos que sean, igual que a los grandes, pero nunca mirar para abajo ni sentirse menos. Lo del martes ante Estados Unidos es para aplaudir por el corazón que se le puso al partido, aunque se le critique a los jugadores la falta de gol.
Pero que la máxima autoridad de la selección venga a decir que nos ubiquemos cuando se le preguntó si no sentía que se perdieron dos puntos contra Estados Unidos, respondiendo que respetemos la historia de los grandes rivales, por favor, pelaos, nunca copien esa filosofía.
A través de esta columna quiero exhortar a los que serán los jugadores de la selección del mañana, que piensen que sí se puede dar ese salto en el Rommel y que cuando no puedan, lo admitan con argumentos, pero entienda que alguna vez se les podrá derrotar con otro cambio de filosofía, de actitud y, lo principal, con goles.
