Se está convirtiendo en una costumbre que los clamores de nuestros atletas aparezcan en las redes sociales, en anónimos sin autoría en una larga cadena que al final nadie sabe quién es el verdadero responsable. No lo comparto, pero lo entiendo, tienen miedo a las posibles represalias de nuestra dirigencia.
Hace unos meses se descubrió que las aguas de las piscinas panameñas no tenían los químicos correspondientes, lo que podría provocar enfermedades a nuestros atletas. Era un secreto a voces y con una sola visita a la olímpica Adán Gordón se confirmó. El Instituto Panameño salió al paso y dio su versión, se habían quedado sin los químicos, entre ellos el vital cloro; sin embargo, los más afectados no querían exponer su posición, aunque sí habían posteado su inconformidad en las redes sociales, en una cadena que a medida que se propagaba crecía en like, pero no en soluciones. Igual sucedió hace unos días cuando se pospuso la única competencia para que los nadadores panameños realizaran marcas para el CCCAN, un evento internacional, o para mejorar tiempos.
En esta ocasión se expresó que no había en la capital una piscina con las condiciones reglamentarias para realizar esta prueba evaluativa, ya que la Eileen Coparropa lleva casi un año cerrada por reparaciones y está reservada para los Juegos Juveniles para el próximo mes. También se criticó a los gobiernos por tener abandonado este deporte.
Las respuestas de los atletas y padres de familia han sido: temo a la represalias, no ponga mi nombre, y menos el de mi hijo (a), es como si estuviéramos en una dictadura deportiva donde no podemos expresar nuestro sentir o solicitar una oportunidad. Si no se denuncia como debe ser queda en bochinche y en esto hay que ser serio. Lo malo es que este mal se está convirtiendo en moda, y la natación panameña no es el primer deporte que pasa por esto. Después de tantas quejas que vi pasar llamé a un dirigente de la natación y saben, dio su versión. Me aclaró que la Eileen Coparropa, en efecto está en reparación, pero que la prueba se hizo en la Adán Gordón. No estamos, estoy convencido en una dictadura deportiva, denuncie, atrévase. Así mismo como lo hizo Edgar Crespo cuando no pudo participar en el pasado Mundial de Piscina Corta, pero si no pide con responsabilidad, asuma las consecuencias y no acuse a los demás. Al final los perjudicados seguirán siendo nuestros hijos que, por callar, tendrán que usar piscinas obsoletas.
