Un 19 de junio, en Gotemburgo, el mundo del fútbol iba a gritar el primer gol de un jovencito de tan solo 17 años de la selección brasileña.
Su nombre: Edson Arantes Do Nascimento o como el resto de nosotros los mortales lo llegaríamos a conocer: Pelé.
Su primer gol ante Gales en los cuartos de final, en su segundo partido del Mundial tras ser suplente, significó la clasificación de su equipo a semifinales y la titularidad e inmortalidad para el resto de su vida.
La Copa del Mundo de Suecia 1958, la sexta edición de los mundiales, significó además de la aparición de los seis goles de O Rei Pelé, la primera conquista de la actual selección pentacampeona del mundo, Brasil.
El país escandinavo también fue testigo de un poderoso dúo goleador francés en Just Fontaine y sus históricos 13 goles y su asociado el número 10 Raymond Kopa. También fue el torneo donde debutó el gran arquero de la selección de Unión Soviética La araña negra, Lev Yashin.
Pero ninguna de estas figuras provocó tanta expectativa y asombro como el talentosísimo y hábil futbolista brasileño Mané Garrincha, quien con sus amagues, desmarques y pura magia volvió locos a los “fríos” espectadores suecos y ni decir a sus pobres rivales.

