Los jonrones no paraban de desaparecer sobre el muro del Minute Maid Park. Siete cuadrangulares fueron conectados en el quinto partido, para establecer un récord de 22 en una Serie Mundial.
Veinticinco carreras fueron anotadas en un juego que fue abierto por Clayton Kershaw de los Dodgers y Dallas Keuchel de los Astros, ambos ganadores del Cy Young y de los mejores lanzadores de las Grandes Ligas.
Los Astros disputan por segunda vez una Serie Mundial, luego de debutar en el Clásico de Octubre en 2005, cuando competían por la Liga Nacional (ahora lo hacen en la Americana desde 2013) y ceder en esa oportunidad ante los Medias Blancas de Chicago.
La serie prosigue ahora en Los Ángeles, donde se efectuarán los juegos 6 y 7 -este último de ser necesario-, con un duelo de picheo en el primero entre Justin Verlander (Astros) y Rich Hill (Dodgers).
NUEVA ERA
Después de una temporada en la que los bateadores eclipsaron a sus predecesores de la era de los esteroides en la suma de jonrones, hay una sensación de que hay algo extraño con las pelotas.
“La queja principal es que las pelotas parecen algo distintas en la postemporada, incluso de la postemporada a la Serie Mundial”, declaró Justin Verlander el domingo, dos días antes de que suba al montículo para el sexto juego e intente cargar a los Astros a su primer título.
“Están un poco escurridizas. No te queda otra que lidiar con ello. Pero no es solo un picher el que ha salido a decir, aquí hay algo diferente. Creo que es una opinión generalizada, wow, aquí hay algo que no está bien”.
Una cifra récord de ocho cuadrangulares fueron conectados en el segundo partido, incluyendo cinco en extra innings. Y los siete jonrones del quinto juego hubieran empatado el récord previo.
La victoria 13-12 de los Astros, consumada en 10 innings el domingo, fue el segundo juego con más carreras en la historia del Clásico de Otoño. Esto fue lo que Keuchel dijo tras el segundo partido: “Es obvio que las pelotas tienen algo”.
Pero no es tan obvio para todos, inclusive en medio de la escalada de jonrones.
“Personalmente, no he notado nada. Tampoco me pongo a analizarlo”, dijo el relevista de los Dodgers Brandon Morrow tras permitir dos jonrones en el quinto juego.
El bombardeo de jonrones este año dejó atrás los 21 de la Serie Mundial de 2002. Anaheim sacudió siete y Barry Bonds y los Gigantes de San Francisco conectaron 14 en 7 partidos. Eso fue el año previo al inicio de los controles antidopaje.
Las conjeturas de que algo ha cambiado incluyen un estudio que asegura que encontró diferencias en el tamaño y dimensión de las costuras de las pelotas desde el receso por el Juego de Estrellas de 2015. “Sé que se habla bastante de diversos tamaños y que algunas de las pelotas son un poco más grandes o un poco más chicas. Algunas de las costuras son más altas, otras más abajo. Pero no hay consistencia”, dijo Hill, quien abrirá hoy el sexto partido por los Dodgers.
El comisionado Rob Manfred insiste en que no hay nada pérfido con las pelotas. “Estoy plenamente confiado de que las pelotas que estamos usando cumplen con las especificaciones”, dijo Manfred.
Verlander rechazó esa afirmación. “Sé que el señor Manfred dice que las pelotas son las mismas, pero creo que hay suficiente información disponible que indica que eso no es cierto”, señaló el lanzador.
Verlander tampoco cree que sea algo que tenga que ver con la forma como las pelotas son frotadas antes de los juegos.
Cuando asumió como comisionado en enero de 2015, Manfred habló sobre el declive de la ofensiva en los últimos cinco años y que eso sería un tema a analizar.
La producción ofensiva empezó a repuntar durante la segunda parte de la temporada, y un récord de 6 mil 105 jonrones fueron conectados este año, un 2.4% más que la previa marca de 5 mil 963, fijada en 2000 en el apogeo de la era de los esteroides. “Es bastante claro”, dijo Verlander.
