Sergio Romo miraba sobre su hombro una y otra vez como si quisiera asegurarse de que el uniforme de los Dodgers con el número 54 siguiera ahí. Y ahí estaba, como la confirmación de algo que Romo llegó a pensar que nunca ocurriría.
El relevista de origen mexicano creció siendo fanático de los Dodgers en la comunidad agrícola de Brawley, California. Pero eso fue antes de que los Gigantes lo eligieran en el draft de 2005 y antes de que el derecho ayudara a San Francisco a ganar tres Series Mundiales.
“Honestamente, es una verdadera ironía, ¿no?”, dijo Romo después de haber firmado un contrato por un año y 3 millones de dólares que incluye bonos de rendimiento por 250 mil dólares.
“Es decir, creciendo como aficionado de los Dodgers, luego anunciarles a los padres y mi abuelo que los Gigantes me seleccionaron. Luego, era un Gigante”.
Para los Dodgers, es además algo necesario. Con la llegada de Romo, los Dodgers adquieren una ayuda crucial para su bullpen. Siendo excerrador, se espera que trabaje antes del noveno inning para dejar el escenario preparado para el taponero Kenley Jansen.
La experiencia de Romo en encuentros bajo presión en el más importante escenario del béisbol fue motivo suficiente para que el mánager Dave Roberts lo tomara en cuenta.
Tuvo 40 salidas en lugar de las 70 que realizó en 2015, y terminó 2016 con efectividad de 2.64. Eso fue suficiente para darle un lugar en la selección mexicana para el Clásico Mundial de Béisbol, a realizarse en marzo.
