A un año del Mundial, Rusia parece preparada para albergar el gran acontecimiento futbolístico planetario y mostrar al mundo una imagen festiva, pese a algunos retrasos en la construcción de los estadios y varios interrogantes sobre la capacidad del país para responder a los desafíos venideros.
Será la primera vez desde la creación del trofeo Jules Rimet en 1930 que el Mundial se dispute en un país de la Europa del este. El torneo supone varios desafíos para Rusia: organizar un acontecimiento de alcance mundial al mismo tiempo que se multiplican los atentados yihadistas -sobre todo en Europa-, atraer a los aficionados de todo el mundo a un país que tiene una mala imagen y que parece encontrarse en una nueva Guerra Fría contra occidente, y provocar que el campeonato despierte el interés en el público local.
Los responsables rusos garantizan, con el corazón en la mano, que el país estará preparado el 14 de junio de 2018, fecha de la inauguración del Mundial. Una constatación compartida por la FIFA, cuyo presidente Gianni Infantino, se mostró“satisfecho” de los preparativos tras su última visita al país. Por ahora, solo los cuatro estadios seleccionados para albergar la Copa de las Confederaciones (del 17 de junio al 2 de julio) - Sochi, Kazán, San Petersburgo y el Spartak Stadium de Moscú- están acabados. Pero la Confederaciones supondrá una prueba de fuego para el recinto de San Petersburgo, que pese a 10 años de obras y a que el presupuesto se disparó, acumuló problemas.
