TIRO A GOL

Lo bueno, lo malo y lo feo de la hazaña del Barça

Las expectativas eran grandes por el partido de vuelta entre Barcelona y París Saint Germain (PSG), en los octavos de final de la Champions, para ver si se podía remontar los cuatro goles, como en efecto sucedió, en un hecho que nunca se había dado en el torneo europeo.

El resultado fue un milagro, una epopeya o un acto apoteósico, como se quiera llamar. Para el hincha fue una hazaña, sin embargo, para el fútbol, que entre su postulado está velar por el juego limpio, el arbitraje del alemán Deniz Aytekin fue la mancha que ensució el Camp Nou y que en cierta manera opacó este gran acontecimiento del Barcelona, porque quedó la duda de que incidió, indirectamente, en el resultado.

Leía que Felipe Baloy se quejaba del arbitraje panameño en la LPF. Hoy parte del mundo se queja del arbitraje de Aytekin. Como hace dos años nos quejamos en Panamá del central Mark Geiger, en el partido contra México. El arbitraje es el mismo en cualquier torneo.

El mal arbitraje de Aytekin no se puede esconder, ni para los que le vayan al Barça, al Real Madrid o al que sea. Feo.

Fue una remontada histórica, en la que el arbitraje nos dejó al final un sabor agridulce. Nada en comparación al Liverpool- Milan, en la final de Estambul de 2005, en la que para nada se mencionó al árbitro.

Ahora, deportivamente, sin tocar el arbitraje, aplaudo al Barcelona, que con un fútbol de toque, sin parecerse en nada al equipo arrollador de otros partidos, mostró espíritu, ganas y vergüenza deportiva, porque lo que hizo solo lo hacen los grandes. No fue su mejor juego, pero consiguió el resultado más importante que se haya alcanzado en esta justa.

Lo poco que mostró en fútbol, lo superó en ganas, en garra, peleando cada balón, que provocaron los muchos errores de su rival, inclusive hasta después del 3-1, nunca bajaron los brazos. Balones que Iniesta y Suárez nunca dieron por perdidos, los corrieron y los transformaron en goles. Un partido donde Messi no lució brillante, pero el equipo respondió con empuje desde la defensa hasta el ataque.

Con el 3-1 cualquier humano baja los brazos. Pero este Barcelona siguió sin decaer, para comenzar de nuevo de cero en su intento de marcar tres goles, que los consiguió en los últimos ocho minutos.

Más allá de los desaciertos arbitrales, hay que reconocerle el esfuerzo al Barcelona, porque se necesitan agallas para haber conseguido la remontada.

Irónicamente, me parece que al PSG le pesó más el 4-0. Todo lo hicieron mal. Ni con el gol pudieron sentenciar. Perdonaron en dos llegadas y fueron muy defensivos.

Es como si el Camp Nou los hubiera asustado, porque este Barça no presentó su mejor versión.


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