El cierre de la temporada 2007 del béisbol mayor nacional estuvo matizado por destellos de espectacularidad y colorido.
El triunfo de la novena de Herrera ante un digno rival como lo fue Chiriquí, para lograr por segunda vez en su historia el tricampeonato y aumentar a 16 su cosecha de títulos, fue el premio que con su esfuerzo y garra peloteros y cuerpo técnico dieron a una fanaticada que los respaldó a lo largo de la campaña.
Para el quinto partido celebrado el viernes, en el Rod Carew, y en el cual el equipo cristalizó el sueño del tricampeonato, los herreranos se tomaron literalmente el estadio. Fueron 17 mil 635 fanáticos los que pasaron por taquilla para una recaudación de 61 mil 978 dólares.
Fue un partido digno de una final, en donde durante todo su desarrollo no dejaron de sonar las murgas herreranas, acompañadas de los amuletos de las brujas de Monagrillo y el movimiento sincronizado de brazos como blandiendo un hacha, al mejor estilo de la fanaticada de los Bravos de Atlanta.
El último out del partido fue el detonante para que los herreranos dieran rienda suelta a los festejos de su tricampeonato.




