La inesperada desaparición física del colonense Alfonso Brown Cumberbatch deja un vacío importante en la pelota nacional.
Brown falleció en la madrugada del pasado domingo a sus 47 años de edad, luego de sufrir complicaciones respiratorias producto de su batalla contra la Covid-19.
El colonense deja un importante legado en quienes pudieron compartir con él, tanto en su época como pelotero, como en su rol de instructor.
Entre esos recuerdos importantes está su paso en el béisbol de Chiriquí Occidente, en el que durante la temporada del nacional juvenil 2013 fue parte primordial para que el equipo lograra ubicarse donde aún no ha podido hacerlo otra vez.
Un técnico planificado
Para muchos, Brown fue un técnico que basaba su librito de enseñanzas en la planificación y, como buen pedagogo, sostenía qué se debía hacer correctamente para que otros no repitieran esos mismos errores.
En una entrevista brindada años atrás en Chiriquí , el colonense expresó lo que significaba en su vida el béisbol.
El corpulento entrenador dijo que la clave para alcanzar las metas, no solo en el deporte, sino en la vida misma, eran la planificación, el trabajo, el sacrificio y tener la aptitud de no tenerle miedo al cambio y siempre estar dispuesto a aprender.
“Partiendo de los entrenamientos se inicia el camino hacia la enseñanza, no haciendo las cosas de manera rutinaria”, expresó Brown.
“No ser un robot”, agregó.
Su labor como ‘coach’
Brown aceptó que en sus primeros días como coach tuvo que cambiar muchas cosas, ya que que le costaba transmitir sus ideas, pues hablaba en tonos muy fuertes. “Tuve que aprender cómo enseñar y apoyado en los seminarios que recibí, lo pude lograr”, confesó.
El entrenador de las selecciones de varias provincias, incluyendo Colón, Coclé y Los Santos, opinaba que los sistemas de entrenamientos de fincas de equipos profesionales no se debían promover totalmente en la pelota juvenil panameña.
El también instructor de bateo era firme creyente en trabajar en distintos aspectos relacionados con el crecimiento del jugador, para que cuando llegara el momento en que fueran firmados, no tuvieran un conflicto emocional, como el que a él le tocó vivir.

‘Me estrellé’
Brown relató el momento en 1991 cuando logró firmar profesionalmente con la organización de los Dodgers de Los Ángeles.
Reconoció que no la pasó fácil en los campos de entrenamiento, debido a su bajo nivel de conocimiento en ciertos aspectos que, a su juicio, todo pelotero debía saber cómo manejar.
“Me estrellé”, recordó. “Tuve problemas, pero por suerte en el camino pude superarlos”, aclaró.
Explicó que estas situaciones siempre las promovía durante sus enseñanzas para que no les sucedieran a los peloteros una vez eran firmados.
¿Y cómo lo hacía?
“Transmitiéndoles cosas para que no tengan ese choque cuando vean, sientan y comparen como es el jugar de la pelota panameña y el profesional, porque se pueden sentir profundamente decepcionados y con deseos de claudicar”, narró.
Brown afirmaba que para superar esas situaciones se debían promover diversas acciones, desde las mentales hasta las deportivas, al punto de que cuando los peloteros panameños fueran a las fincas de los equipos estadounidenses tuvieran el conocimiento de casi todo y no se quedaran en el aire cuando se les ordenaran ciertas indicaciones.
“Los movimientos, de manera general, todos son rápidos y ordenados, incluso al entrar al estadio, al campo, hacer todo con la aptitud de que van a ser los mejores jugadores de cualquier equipo”, subrayó.
Siempre agradecido
Y pese a que tal vez no era su responsabilidad, aducía que siempre estaba dispuesto a brindarle esas enseñanzas a peloteros que tal vez no iban a ser firmados, o que de alcanzar la firma otros iban a ser los beneficiados, pero eso no le importaba.
“Soy agradecido con quienes en algún momento me brindaron enseñanzas a cambio de nada, como fue Alberto Lima”, dijo.
Brown mencionó que en su época de jugador era un bateador de mucho poder, sobre todo con los lanzamientos del medio hacia afuera. “Pero tenía un gran problema”, indicó. “No podía conectar los lanzamientos hacia adentro y él fue quien me enseñó a cómo hacerlo con las bolas pegadas al cuerpo”, contó.
“Fui a su casa y amablemente me dijo: ‘eso lo resolvemos’. Y lo hizo. Y muchas cosas positivas en mi carrera, todo un mundo de enseñanzas, se las debo a él”..
El colonense reiteró que siempre intentó imitar ese criterio de “enseñar sin ver a quién”, y no ser egoísta, fundamento principal que aprendió de Lima.
No a la improvisación
Al preguntarle sobre quién había aprendido esta disciplina, respondió: “Uff, de todos los directores que me han dirigido, Chico Herón, Copita Castillo, de todos, sean grandes técnicos o no. Algo tienen para los que quieren aprender”.
En cuanto a las cosas negativas, si había algo que detestaba eran las improvisaciones.
“Planifico un programa diario, todo lo hago planificado en base a algo. Se improvisa una fiesta, aquí no se puede y no se debe. En el béisbol si no haces las cosas bien en los entrenamientos, eso se refleja en los partidos y a lo largo de un torneo”.
Dedicatoria
Brown finalizó dicha entrevista con una dedicatoria a su familia por darle “ese empujoncito” en un momento que pensó dejar el béisbol.
“A mi familia y a una amiga que cuando estuve a punto de dejar el béisbol totalmente, me dio ese empujoncito en un momento que todo ser humano necesita para tomar la decisión correcta, le obedecí y aquí estoy”.
Entre los momentos más destacados de la carrera de Brown como pelotero está la triple corona de bateo en 1991, cuando lideró la temporada en promedio con .517, carreras empujadas con 13 y cuadrangulares con dos.
Como entrenador, fue instructor de bateo del equipo de Chiriquí Occidente en el Campeonato Nacional del béisbol juvenil en 2013, en una campaña en la que lograron jugar la final ante Panamá Metro.
Plinio Castillo, de la Comisión de Pequeñas Ligas, recordó que Brown cumplió todo el ciclo de las categorías de esta organización.
“Siempre fue una persona disciplinada, tranquila”, apreció.
