Las celebraciones coreográficas de Colombia fueron una de las postales del Mundial de Brasil. Pero ahora tiene otro rival tanto en la cancha como en la dicha.
Senegal ha sido la sensación en Rusia por sus animadas prácticas de cánticos, risas y aplausos al compás de movimientos sincronizados que han alcanzado mucha difusión en los medios sociales. Son más un baile que una preparación para un crucial duelo mundialista.
“Creo que es algo cultural más que otra cosa, es la alegría, la paz, la hospitalidad”, dijo el entrenador senegalés Aliou Cisse en conferencia de prensa cuando se le preguntó si el baile era apropiado en un Mundial. “Sí, la alegría, se puede tener felicidad sin estar siempre serios”, dijo.
“El fútbol no es una cuestión de vida o muerte. Es de vivir”.
Colombia y Senegal quieren mantenerse vivos y buscarán el pase a los octavos de final. Los equipos se enfrentan en la ciudad porteña de Samara a unos mil kilómetros de Moscú.
En Rusia, las comidas, el lenguaje, y los husos horarios serán distintos, pero las costumbres y el espíritu de diversión entre los sudamericanos y los africanos se mantienen intactos con cada cántico y cada paso de alegría.