Bronson Arroyo ha alcanzado un nivel de éxito profesional y financiero que jamás hubiera soñado como un joven lanzador delgado de Brooksville, Florida, un suburbio de Tampa-St. Peterburg que alguna vez fue conocido como ´La Casa de la Mandarina´.
Pero él sigue siendo un defensor acérrimo de la sustancia sobre el estilo.
Bronson Arroyo ha tenido 30 o más aperturas en cada una de sus nueve temporadas.
Arroyo ha ganado al menos 72 millones de dólares en su carrera, pero ha declinado por gastar más en amigos y experiencias de vida que las cosas materiales.
Maneja un BMW 750 de hace ocho años y se mantiene viviendo en la casa de 1,400 pies cuadrados que construyó desde abajo con su padre, tío y dos ayudantes en 2003.
Sigue con su agenda diaria con pluma y papel, la mete a su cartera cada mañana para tenerla a la mano.
Usa el teléfono móvil de su agente, Terry Bross, gracias a un contrato que le endosó con Sprint PCS en 2004.
Sí, el moderno, el chico de la guitarra que agita la caballera mientras la toca, una persona relajada que se pasea con un teléfono con tapa.
Por cuestiones de seguridad y paz mental, Arroyo solo desea que el teléfono pueda empezar a sonar y vibrar un poco más seguido.
El primer acercamiento con la agencia libre en su carrera lo tiene en un mundo desconcertante.
