En esta columna procuraramos rendir homenaje a todas aquellas figuras que a través de sus logros nos han compartido sus grandes cualidades y dejado un legado, como dignos destinatarios de admiración y respeto.
Hoy recordaremos a un hijo de nuestro Panamá, Eusebio Pedroza (q.e.p.d.), gran campeón de boxeo, miembro del Salón de la Fama, quien poseía un estilo muy depurado, sin una pegada fulminante, pero muy efectiva.
“El Alacrán”, como se le conocía por su estilo de pelea, tenía la capacidad de minar la resistencia de sus oponentes con golpes rápidos y variados al cuerpo hasta agotarlos para luego golpear a placer, con un oxígeno prácticamente eterno.
Siempre combatió a 15 asaltos, realizó 20 defensas de su título (19 de forma exitosa), pero lo más resaltable de su asombrosa carrera fue su capacidad de sobreponerse a los reveses.
Esto gracias a su gran determinación, porque fue noqueado en sus dos primeros intentos de obtener el título mundial en las 118 libras (peso gallo), ante el mexicano Alfonso Zamora y luego cayó con el venezolano Oscar Amal.
Muchos dudaron de su futuro, pero él mantuvo su confianza en sí mismo, volviendo a intentarlo esta vez en 126 libras (peso pluma), donde sigue siendo referente de los reinados más sólidos de la historia de este deporte.
Ganó su primer título mundial en 1978 al derrotar al español Cecilio Lastra. Pedroza, nacido el 2 de marzo de 1956, murió el 1 de marzo del 2019 debido a un cáncer de páncreas.
Este boxeador demostró a los que disfrutaron de sus combates y a las futuras generaciones que la perseverancia supera cualquier limitante y obstáculo.

