Ferrari siempre será Ferrari y nadie podrá quitarle el título de "mito del motor", pero McLaren consiguió en sus cuatro décadas de existencia labrarse su propio hueco en la historia de la máxima competición del automovilismo, y a esa tradición llega ahora el español Fernando Alonso: a la excelencia de la Fórmula Uno.
Bruce McLaren puso las líneas maestras cuando fundó el equipo en 1963, y Ron Dennis le imprimió el sello definitivo cuando lo compró a principios de la década de los 80. Si Ferrari es glamour, magia y genialidad; McLaren sería seriedad, sobriedad y trabajo.
Los éxitos dicen que el objetivo fue conseguido. Desde que debutó en Mónaco 66, McLaren sumó 8 títulos de constructores y 11 de pilotos. En ese mismo período, Ferrari alcanzó 12 títulos de marcas y 8 de pilotos.
En el apartado técnico, por ejemplo, fue pionero a principios de los 90 en los cambios de marchas automáticas y en la comunicación informática bidireccional entre coche y box. Y en el puramente deportivo, fue capaz de acoger en su seno, incluso de hacerlos convivir, a campeones de la talla y la personalidad de Ayrton Senna, Alain Prost, Niki Lauda, Keke Rosberg o Nigel Mansell, entre otros.
Sin embargo, la historia también tiene su lado oscuro, y en gran parte Alonso llega para arrojar luz sobre ella. McLaren no gana un título desde que Mika Hakkinen sumó el segundo consecutivo en 1999. Si en 2007 no recupera el cetro, el equipo inglés estará ante la sequía más larga de su historia.
