Dos semanas antes de su llegada al campo Augusta National, Jordan Spieth dice que ya quiere que este Masters se termine.
Sabe que no podrá escapar de las preguntas sobre lo sucedido el año pasado. No tenía las respuestas en aquel viaje a casa hace un año. No las tiene ahora.
“Ya sea si consigo la chaqueta o me pierdo el corte o termino de 30, va a ser bueno que pase este Masters”, dijo.
“El Masters es una vez al año. Atrae al golf a un público que no lo sigue. Y va a ser bueno, desde mi punto de vista, cuando el de este año se acabe, para serles sincero”.
Spieth ya ha regresado a la escena de su peor momento en el golf.
Estuvo en el Augusta National en diciembre con dos miembros del club cuando se paró junto al tee del hoyo 12 por primera vez desde la última ronda de aquel Masters.
Golpeó la pelota por encima del bunker. Hizo el putt. “Estaba caminando con los brazos alzados, como diciendo: ‘Se acabaron los demonios”, dijo.
Aún tiene que enfrentarse con la prensa en una cena para campeones del Masters en la que el anfitrión será Danny Willett, no Spieth.
