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TOCO Y ME VOY

El fútbol cambió a favor de los chicos

Me dio placer ver a Alemania fuera del Mundial. Lo mismo sentí con España, Argentina y Portugal. Los llamados favoritos, los que tienen a los mejores jugadores, no lograron imponerse a equipos tremendamente inferiores.

Argentina, por ejemplo, no pudo contra Islandia, un equipo debutante. Alemania perdió con Corea del Sur, una selección que ni siquiera pasó a octavos.

España volvió a intentar vender humo de que el fútbol bueno, el fútbol que merece la pena, es el de la posesión exagerada y la de los pases sin sentido.

España, creo, es el más claro ejemplo de lo que está sucediendo en el fútbol. Los tipos dieron mil pases, mientras que sus rivales, Rusia, dieron 200.

No estoy diciendo que España no hizo nada para merecer la clasificación, pero el fútbol debe ser -y es- más que sobar la bola de un lado para otro sin tener profundidad. No pueden ser mil pases y el gol que anotaron los españoles fue uno en contra de un defensa ruso casi cuarentón.

Los equipos chicos ya no se comen el cuento y saben que un equipo de tipo España solo tiene una forma de jugar, y si se le cierran atrás, bien juntos, bien compactos, no les da para más, no hay chance de improvisar. Como hizo Bélgica: acorralada con un 2 a 0 de Japón cayó en la cuenta de que la ventaja estaba en los centros y empataron con dos cabezazos.

El fútbol también ha cambiado en la conformación de los equipos. Miremos a Francia. Su mejor jugador hasta el momento se llama Kylian Mbappé. Es una máquina. No solo es rápido, sino potente, con buena definición y buen manejo de la pelota. Su papá es camerunés y su mamá argelina. Samuel Umtiti nació en Camerún.

Los padres de N’golo Kanté son ambos de Malí. La selección de Francia es entonces un mosaico de hijos de migrantes africanos.

Bélgica tiene en su equipo a varios hijos de migrantes africanos, como Lukaku, Batshuayi, Tielemans y varios otros. Suiza tenía jugadores cameruneses, nigerianos y de otros países africanos.

Sin embargo, no hay ni una sola selección africana en octavos de final. La famosa migración de africanos hacia Europa no solo ha profundizado el intercambio cultural, sino que ha significado una merma de talento futbolístico.

Esos jóvenes que hoy juegan en Europa, que en su mayoría no pasan de 25 años, bien habrían podido ser las estrellas de sus países africanos: los próximos Eto’o, Drogba, el Hadji Diouf. En cambio, se han convertido en una pieza más del engranaje futbolero de las potencias.

Mientras te vaya bien, al menos. El belga Lukaku lo define muy bien: “mientras las cosas vayan bien, se refieren a mí como Lukaku, el delantero belga. Si las cosas no me salen, se refieren a mí como Lukaku, el delantero de ascendencia congoleña”. Son las cosas que tiene el fútbol de ahora.

El autor es periodista. 


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