Por mucho que veamos a los mexicanos como la última coca cola en el desierto, siempre van a estar por encima de nuestra selección en partidos de eliminatoria mundialista. Jugando bien o mal, Mexico nos gana con la armas que no tenemos y que tanto añora el técnico Hernán Darío Bolillo Gómez: contundencia para definir las llegadas.
La derrota no fue una sorpresa ni la manera como se jugó. Al final la misma historia, se le enfrentó de tú a tú, pero se perdió igual. Un libreto que venimos repitiendo partido tras partido.
Lo que llama la atención es todo el dinero que se invirtió para la preparación de este equipo. Un dineral que pareciera haberse desperdiciado con esta preparación de cinco estrellas, donde no vimos nada nuevo en el coloso de Santa Úrsula, se perdió al final con los mismos argumentos de siempre: falta de concentración, de precisión, de tino y de todo. Hubo esfuerzo, sí, lo que es rescatable, pero de nada valió porque ni siquiera alcanzó para el empate.
Lo único novedoso en el partido fue el tiro libre de Ricardo Buitrago. Una jugada que no se ve en la selección.
El técnico también nos sorprendió inventando con experimentos en pleno estadio Azteca, con la inclusión de Eric Davis, al que sacó en menos de media hora e ingresando al que debió de haber incluido desde el principio, Alberto Quintero. De inmediato se notó su presencia cuando pisó la cancha. Un cambio regalado.
Ironías que nos dejaron los dos partidos contra México en esta hexagonal, en el Azteca le jugó mejor que en el Rommel Fernández, donde se empató 0-0. Pero en ambos a los muchachos les falta jerarquía para enfrentar este tipo de compromisos contra los grandes del área.
Criticable al final, que los jugadores no quisieran hablar con los medios como si los periodistas hayan tenido la culpa de lo ocurrido, además de la mala educación del Bolillo Gómez en sus respuestas a dos jóvenes periodistas. Si en una conferencia también se sacara una tarjeta roja, el técnico tuvo que haber salido expulsado. Preguntas que ameritaban una respuesta, pero el entrenador se portó como un patán.
Sin embargo, dentro de lo bueno y lo malo que dejó el partido, la eliminatoria continúa siendo benévola con Panamá. El martes, ganando a Trinidad y Tobago, en el Rommel, se recupera el cuarto lugar que se perdió en el Azteca, suponiendo que haya un ganador entre Honduras y Estados Unidos en San Pedro Sula. Y más benévolo todavía, si hay un empate en suelo hondureño y acá se le gana a a los caribeños, Panamá pasa a ser tercero.
Como se ve, la vida le da otra oportunidad a la selección nacional como pasó hace cuatro años, espero que lo aprovechen. No todo está perdido.