La indecisión.
Eso es lo que más me molesta de la derrota ante México en el Azteca.
¿Que la derrota ante México estaba en los planes?
Claro que sí.
Pero no planifiques una cosa, para solo minutos después cambiarla en una actitud que tus mismos jugadores te mostraron que debías tener.
¿Quisiste jugar con Davis desde el arranque para tapar una banda?
Listo, no hay problema.
Guardas a Quintero, Gaby Torres y Blas Pérez para el martes ante Trinidad y Tobago, que es tu verdadera final. Lo entiendo.
Pasan los minutos, poco peligro, todo bien.
Ahora, lo que no entiendo es por qué a los 27 minutos entra la valentía, que no tenías, para buscar el partido con el ingreso de Quintero.
Eso no lo entiendo.
Si ya estabas pensando en el martes, si ya tenías hipotecada la derrota en el Azteca, ¿por qué ahora decides arriesgar?
Esa indecisión te terminó costando un cambio, que al final cómo se extrañó.
Esa indecisión de no saber si defenderte o ir por el partido es exactamente lo que pensábamos que no íbamos a tener con un técnico de tanta experiencia como Bolillo.
Esa indecisión fue la misma que te llevó a no arriesgar como visitante ante Costa Rica pese a que estaban con un jugador menos.
Dudas y más dudas que se repitieron en el pasado proceso con un Julio Dely que apenas daba sus primeros pasos en unas eliminatorias.
Pero Bolillo, no.
Entonces, ¿dónde quedó esa experiencia de los cuatro mundiales?
Ahora, ¿que Gaby Torres tuvo el empate en el último minuto? Sí.
¿Que Bolillo no puede saltar a la cancha y meter los goles? Sí.
Todo eso es válido.
Pero, repito, si la cabeza no está clara, menos el cuerpo.
Si el capitán duda, no podemos sorprendernos que también lo hagan los tripulantes.
No todo puede arreglarse con ponerse las zapatillas al revés.
Y eso de la renuncia, ¡por favor! ¿A falta de tres partidos?
Ya todos estamos en este barco, demuestre que usted sabe cómo navegar, que ya el tiempo para rendirse quedó atrás.