Dejar a la familia para emigrar hacia un país extraño, diferente además en idioma y costumbres al que te vio nacer es en extremo difícil… imagine usted que eso le ocurre a un chico de solo 16 años.
Eso le sucedió a Fernando Jara Ábrego. No pasó un año tras salir de la escuela de jinetes Laffit Pincay Jr., cuando la decisión de probar suerte en la hípica de Estados Unidos se había tomado.
La inspiración del jovencito nacido en Chitré, provincia de Herrera, fue sin dudas su familia. Su padre, Jorge Jara, emigró desde Chile hace algunos lustros, trayendo además de las ilusiones, una meta: tener caballos de carrera en Panamá. El padre de don Jorge fue jinete y entrenador en las mejores plazas del hipismo andino.
Conoció a Nedelka Ábrego, una dama que sería la compañera perfecta en el andar del sudamericano. Y vino Fernando al mundo, el 18 de diciembre de 1987. Un día marcado por estar a solo una semana de la Navidad, así que resultó el regalo perfecto de Dios.
Jorge llevaba al pequeño Fernando a ver las carreras de caballos en el hipódromo Presidente Remón. De ese contacto, comenzó a inflarse la vena del hipismo en su sangre. La primera gran decisión vino cuando el jovencito cumplía los 13 años. Ingresó a la escuela de jinetes, y se graduó en el año 2002. El 20 de diciembre de ese año, ganó su primera carrera con un ejemplar de nombre imponente: ‘Soy Soberano, Papá’.
El año siguiente fue de experiencias y espera. Tuvo oportunidad de montar en el clásico Presidente de la República al caballo norteamericano ‘Así No Más’, logrando un tercer lugar.
En Panamá, Fernando Jara terminó su primera campaña como aprendiz dejando buenos números; 53 victorias en 375 montas, acumulando ganancias por 181 mil 283 balboas, que lo ubicaron en la séptima posición de la estadística de jinetes del año 2003.
Una bolsa de ilusiones llevó Fernando después de la Navidad del 2003. Pero había un contacto; José Rivera, su primer agente de montas, quien lo condujo hacia Nueva York, donde comenzó a montar a principios del 2004 en Aqueduct.
No tardó en lograr éxitos. La tarde del 21 de febrero de 2004, Jara ganó por primera vez en Estados Unidos, sobre la potranca ‘Sensational Julia.
La perseverancia de Jara fue recompensada con cosas buenas. Aunque el 2004 fue un año muy difícil, el siguiente le permitió acumular mayor experiencia, conocimiento del idioma inglés y espacio entre jinetes como John Velásquez, Edgar Prado, Mike Smith, José Santos y Cornelio Velásquez.
Y así le llegó el turno. Un hombre de experiencia, Randy Romero, le recomendó el chico al entrenador Kiaran McLaughlin, quien buscaba un jinete para afianzar su cuadra.
"Jara era perfecto, joven, talentoso, deseoso de aprender, disciplinado y muy profesional para su edad", señaló el entrenador en una entrevista que publicó meses atrás la revista especializada The Bloodhorse.
Nació allí una sociedad. McLaughlin comenzó a darle a Jara la confianza necesaria.
El potro ‘Jazil’ fue la primera prueba. Logró colocarlo en segundo lugar en el Wood Memorial, lo que le abrió la puerta hacia el Derby de Kentucky.
La carrera fue difícil, pero Jara se las arregló para ubicar en cuarto lugar al caballo. Unas semanas después, el árbol ofreció frutos, cuando Jara se impuso con ‘Jazil’ en el Belmont Stakes.
Pero si el triunfo en una de las tres gemas de la Triple Corona de Estados Unidos no era suficiente, el momento de dejar las cosas claras vino en julio. El jinete peruano Rafael Bejarano sufrió un percance, y McLaughlin debía conseguir un jinete para el caballo argentino ‘Invasor’.
"No lo pensé mucho, Fernando estaba allí, para ganarse esa oportunidad", destacó el entrenador. Y así, el panameño llevó al descendiente de ‘Candy Stripes’ a victorias en el Suburban Handicap, con 400 mil dólares en premios, y luego en el Whitney, con 750 mil dólares en premios.
El periodista norteamericano Mike Farrell definió hace algunos meses a Fernando Jara como "la nueva gran estrella del hipismo panameño en Estados Unidos.
Farrell entrevistó a Jara luego de ganar el Belmont Stakes, y dijo estar "muy impresionado" con el desenvolvimiento del panameño.
En la actualidad, el compatriota goza de una campaña que debe catapultarlo definitivamente hacia el estrellato. Sin olvidar lo inculcado por su padre, en el amor a la familia y el desarrollo sin manchas de una carrera prometedora al 100%.
