Yuli Gurriel aún se deleitaba con su primer festejo de postemporada en las Grandes Ligas cuando Carlos Correa exclamó al verle: “aquí está la máquina que batea y vino de Cuba”.
Correa no exageraba sobre su compañero de los Astros, luego de despachar en cuatro partidos a los Medias Rojas de Boston en la serie divisional de la Liga Americana.
El primera base de Houston fue un torbellino ofensivo, al conectar nueve hits en 17 turnos. Y así fue durante el curso de la temporada regular del novato de 33 años, opacado por las proezas de las figuras estelares de los Astros, como José Altuve, George Springer y el propio Correa.
Quizás sea más reconocido por sus estrafalarios peinados (¿eso se parece a una piña o es un personaje de dibujos animados?).
