Fuerte de cabeza y pies ágiles, la estadounidense Megan Rapinoe, ganadora del Balón de Oro femenino, cinco meses después de haber sido elegida la mejor futbolista y goleadora del Mundial–2019, es una activista comprometida totalmente dentro y fuera del terreno.
En el verano europeo, con sus hazañas en el césped francés y su corte de pelo de color lavanda copiado de la actriz Tilda Swinton, a la que adora, Rapinoe se convirtió en la estrella del fútbol femenino a los 34 años, suscitando un entusiasmo mediático sin precedentes para una jugadora.
Con una personalidad arrolladora, que ha superado rápidamente el marco futbolístico, Rapinoe es una figura feminista, que marcha en primera línea de la lucha por los derechos de las personas LGBT y la igualdad entre hombres y mujeres, y convertida en un ícono de la oposición al presidente norteamericano Donald Trump.
Con el apoyo de sus compañeras, la co–capitana de la selección advirtió que, en caso de coronación, no irían a la “p... Casa Blanca”. “Nadie en nuestro equipo, que ha luchado por la igualdad y la inclusión, quiere ser cooptada por un gobierno que no lucha por las mismas cosas“, argumentó.
A lo que Trump respondió en Twitter: “Megan nunca debe faltarle el respeto a nuestro país, la Casa Blanca o nuestra bandera, especialmente porque se ha hecho mucho por ella y por el equipo. Siéntete orgullosa de la bandera que llevas.”
En otro tuit, el mandatario estadounidense se mostró más molesto: “¡Megan debería GANAR antes de HABLAR! ¡Termina el trabajo!”.
Y eso fue lo que hizo Rapinoe en el terreno. Fue la estrella del seleccionado y una de las piezas para que el combinado de las barras y las estrellas alcanzara su cuarto título mundial, el segundo después de 2015. De sus seis goles, Bota de Oro del Mundial, cinco fueron en partidos de eliminación directa.
