La Roma dio la gran sorpresa de los cuartos de final de la Liga de Campeones al derrotar al Barcelona por 3-0 y levantar la eliminatoria (4-1 en la ida) para clasificarse ayer a semifinales de la competición.
Ante un Barça muy gris y que apenas creó peligro, los romanos voltearon la eliminatoria con los goles del bosnio Edin Dzeko (6), Daniele de Rossi de penal (58) y del griego Kostas Manolas (82). El equipo romano se clasifica para las segundas semifinales de su historia, tras hacerlo en 1984, un año en el que alcanzó la final y perdió en los penales el título contra el Liverpool en el Olímpico de Roma.
El equipo entrenado por Ernesto Valverde, que soñaba con el triplete tras tener prácticamente sentenciada la Liga y jugar la final de la Copa del Rey, jugó probablemente el peor partido de la temporada ante un rival que ya había demostrado en el Camp Nou un nivel de juego que no se correspondió con la abultada derrota por 4-1.
“La Roma ha hecho un gran partido y hay que felicitarles. No hemos sido capaces de meternos dentro del juego”, declaró el técnico barcelonista Ernesto Valverde, que no rehuyó su responsabilidad: “Soy el responsable del equipo, el que hace la alineación, los cambios, y el que plantea la temporada”.
“Es duro para todos, para el club, para los jugadores, para la gente”, reconoció el capitán del Barcelona, Andrés Iniesta.
En cambio, el técnico romano Eusebio di Francesco se mostró eufórico: “Tenemos que pensar en Kiev”, dijo en referencia a la ciudad que albergará la final del torneo el próximo 26 de mayo.
El técnico destacó la “agresividad” y el “pressing” de su equipo y alabó que los jugadores adoptasen su mentalidad: “Yo creía [en la remontada], lo dije el lunes. La expresión ‘no tenemos nada que perder’ la detesto”.
“No fue suerte. Este es el resultado”, agregó.
Di Francesco había reconocido que su equipo iba a necesitar de un “milagro” para seguir en competencia.
La Roma salió a presionar bien arriba, quitándole la posesión a su oponente durante largos tramos. Los papeles se habían invertido: la Roma se había apoderado de un concepto de juego que identifica al Barcelona.
