Panamá cambió su historia en los mundiales juveniles de fútbol sub 20 al conseguir su primer punto ayer con su empate sin goles ante Corea del Norte de una manera sufrida, dramática, y dos jugadores, con el respeto del resto, que sobresalieron del grupo: el portero Luis Mejía y el volante de marca Celso Polo, este último hace dos años en Holanda sólo jugó medio tiempo en el último partido.
Lo que en un principio se veía como un partido sin problemas para los nuestros por la manera tan parca y fría como comenzaron los coreanos, poco a poco fue cambiando el panorama y Panamá terminó siendo presa del cambio de ritmo de los asiáticos donde combinaron velocidad con garra.
EL ARRANQUE
En los primeros 15 minutos se pensó que Panamá podía cambiar la historia, Corea había comenzado lenta, nerviosa, pero los nacionales se llevaron dos tarjetas amarillas en menos de un minuto con Marvin Mitchell y Armando Cooper.
Cuando Corea del Norte se sacudió del mal comienzo y buscó el marco del cancerbero Luis Mejía, el juvenil jugador del Tauro, al que se conoce popularmente como Manotas, comenzó a sacar todo lo que le tiraban Chol Min Jong, Kum Kim II y quien se antojara.
MEJÍA SE CRECE
El estadio Frank Clair, que tiene capacidad para unas 26 mil personas, ya estaba casi lleno y el público comenzó a aplaudir las atajadas.
No hubo goles para los asistentes, muchos de ellos argentinos, pero Mejía hizo el espectáculo. El marco le quedó angosto al portero panameño que terminó tapándolo con sus "manotas".
Panamá perdió el orden en el primer tiempo, terminó siendo superado, el equipo se desdibujó, en una cancha sintética que por momentos hacía las cosas más difíciles porque daba la impresión de que en algunos momentos como que el balón se aguantaba.
POLO, LA DUPLA
Junto a Mejía, Celso Polo se comió la cancha. La corrió todas, estuvo en todos los sectores de la sintética, intentó por momentos darle la salida al equipo, que no tuvo ayer a Gabriel Torres ni a Nelson Barahona en su mejor día.
SEGUNDA MITAD
Panamá mejoró un poco en el segundo tiempo, tuvo más salida, pero le faltó arriesgar un tanto, como sí lo hicieron los norcoreanos.
Luis Ovalle ingresó por Cooper comenzando la complementaria.
Manotas Mejía se mantuvo impecable, no se amilanó ante los orientales, el aplauso del público causaba más estruendo con sus intervenciones, porque el estadio estaba lleno.
Polo mantuvo su ritmo, el jugador del Chepo fue el único jugador que lo hizo, incluso se dio el lujo de hacer dos jugadas de ruleta, pisando el balón con elegancia, y el público le respondió con fuertes ovaciones.
A RiTMO CARDÍACO
Faltó el gol. El partido por momentos era de ida y vuelta. Los minutos pasaban y la angustia era mayor.
En el centro de prensa se nos brindó bastante agua para la resequedad de estos últimos minutos.
Julio Dely salía de la caseta y daba instrucciones. Pablo González era presa de los calambres. Ingresó el veragüense Josué Brown por el volante de marca Luis Jaramillo a los 73 minutos y cinco minutos después Javier González por Pablo. Dely intentó ganar el partido.
Kum Kim II exigió por última vez a Mejía cerca de la primera media hora del complemento, en el resto de lo que quedaba lo intentaron, pero la última línea panameña respondió con altura.
Los asiáticos se habían resignado ante la grandeza del espigado morenito panameño con el número 1 en su camiseta, que ayer puso un candado a su cabaña.
A ocho minutos del final Eduardo Dasent de cabeza botó lo que había podido ser el gol de la victoria para Panamá.
Al final fue un punto para la historia. Y el recuerdo del manotas.



