Frente al centro de venta de boletos de la FIFA en Moscú, un hombre ofrecía una entrada “barata” para el partido de hoy entre Inglaterra y Croacia: solo a mil 500 dólares, el doble del costo oficial del asiento.
El hombre, un colombiano, sabe que está infringiendo la ley, pero dijo que compró la entrada porque esperaba que su equipo llegara más allá de los octavos de final. El colombiano, al igual que docenas de otros revendedores de boletos que deambulan por la capital rusa está tratando de sacarle un beneficio a su asiento.
Quedan tres partidos del Mundial y la reventa de boletos parece cobrar impulso a medida que se acerca la final del 15 de julio.
A principios de este año, el presidente ruso Vladimir Putin firmó una ley para prohibir la reventa de entradas para el Mundial. Quienes la infrinjan pueden enfrentar una multa de hasta 25 veces el precio original del boleto.
La FIFA condena la reventa y permite la transferencia de boletos solo si el titular tiene una “relación preexistente” con la persona que lo recibe. Cualquiera que entregue un boleto no deseado a la FIFA recibe un reembolso equivalente al precio original, si la entrada es colocada a través de la plataforma oficial de reventa en línea.
