El fútbol playa le dio otra alegría más al fútbol panameño. Contra todos los pronósticos, este seleccionado consiguió ganar el Premundial de Concacaf y clasificar al Mundial de Bahamas. Un triunfo del que pocos se dieron cuenta por las festividades de los carnavales, pero fue toda una proeza. Muchos todavía no se lo creen.
El proyecto de este grupo del fútbol de playa tenía dos años y ya cosechó sus frutos, ratificando que el talento del deportista panameño es natural. Pasó con el fútbol sala, los seleccionados juveniles y ahora con el equipo de playa.
Sin embargo, la alegría que nos dio el fútbol de playa contrasta con lo que nos brindó la Sub-20, que no pudo clasificar al Mundial de Corea. Todo fue malo en ese proceso. Fracaso rotundo en la eliminatoria. Luego vino la participación de carambola al Premundial y las críticas al seguimiento de Leonardo Pipino, que trabajó hasta una semana antes del Premundial, cuando pasó algo extraño en la gira por Colombia, que originó la salida del argentino y el ingreso de Nelson Gallego. Hasta hoy un misterio.
Finalmente, en el Premundial se le gana con un jugador menos a Estados Unidos, en un partido de machos y se salió victorioso en los dos siguientes partidos de la fase de grupos.
Pero a la hora de la verdad, en los partidos que valen, los que deciden el pase al Mundial, se pierde con Honduras, se empata ante Costa Rica y se queda fuera del Mundial por un gol. Con la ñapa de un mencionado acto de indisciplina de dos jugadores.
Lamentablemente son males que pasan con los juveniles, muchas veces los libretos de la primera fase se pierden en la siguiente, que es en la que se decide la clasificación. No hay cabeza fría en los partidos que son de examen final.
Después de todo lo sucedido con este equipo, como consuelo de tontos, nos conformamos con señalar que lo que mal comienza, mal termina. Que no merecíamos ir al Mundial. Hablamos de las ironías del fútbol, que con más puntos que Costa Rica quedamos eliminados. Que el arbitraje. Una lluvia de excusas.
Pero en todo esto hay una realidad. Un proceso no se puede interrumpir por actos como el que se dio con Pipino a pocos días de un Premundial. Es irresponsable y hasta suicida. Y más, sabiendo que se había clasificado por la puerta de atrás, en una segunda oportunidad que le daba la vida a esta generación de jugadores.
No se aprovechó la ganga.
