Abrir la puerta de un avión en pleno vuelo y lanzarte con un paracaídas al vacío es una decisión personal. La aventura puede durar 30 minutos, y el recuerdo, toda la vida.
La actividad es regulada en Panamá por la Autoridad de Aeronáutica Civil (AAC) y es calificada de altamente peligrosa.
Tras la muerte reciente de un paracaidista mexicano, en tanto otro resultó con lesiones corporales, en un evento que se desarrolló en la isla Contadora, hubo cuestionamientos sobre las medidas de seguridad que rigen esta práctica en los cielos panameños.
Eloy Cruz no participó en esta actividad, pero alzó su voz para pedirle a las autoridades que sean más rigurosas al aplicar las reglamentaciones.
Cruz, con más de 6 mil saltos, es uno de los pocos paracaidistas panameños que cuenta con certificación internacional. Él solicita que el único que pueda darle el aval a una persona inexperta para saltar de un avión sea un instructor.
“Los pilotos solo deben guiar el avión y no tener nada que ver con los saltos; esto debe estar en manos de un especialista en el tema”, agregó.
Reconoció que es una actividad riesgosa y que se debe practicar con los máximos estándares de seguridad.
Este no fue el caso de Contadora, ya que el mexicano que murió tenía experiencia en esta práctica.
El director de Transporte Aéreo de la Autoridad Aeronáutica Civil (AAC), Carlos von Seidlitz, fue claro y advirtió que cuando una persona se lanza al vacío desde un avión debe saber que puede morir; por eso, es prudente efectuar este ejercicio con personal capacitado y con un paracaídas que cumpla con las regulaciones.
Seidlitz confirmó que su organización regula el paracaidismo; sin embargo, advirtió que no puede tener a un inspector detrás de cada paracaidista, ya que para eso existen reglas que se deben respetar.
“Es como los conductores que violan el reglamento de tránsito; en algún momento un inspector lo puede sorprender o, lo que es peor, provocar un accidente fatal”, agregó.
El director de Transporte Aéreo destacó que el libro de reglamentos establece que tanto las aeronaves como los accesorios (llámese paracaídas) en Panamá no se van a convalidar o certificar, pues le toca aceptar la regulación de diseño, ya que Panamá no es fabricante de aviones o paracaídas.
Las aeronaves a las que se les permite volar en Panamá vienen de Estados Unidos, Canadá y Europa, donde deben cumplir los debidos procesos que exige la aviación internacional.
Sobre la realidad de los paracaídas que se utilizan para saltos desde aeronaves en Panamá, dijo que estos deben ser aprobados por Technical Standard Order, una autorización en la que el fabricante se somete a hacer pruebas ante las autoridades de aviación de Estados Unidos y son ellos quienes les dan el visto bueno según las características.
“Ese es el único paracaídas que puede ingresar a una aeronave panameña para los saltos”, destacó.
Seidlitz discrepa con Cruz y detalla que un piloto de una aeronave podría pedir autorización a su organización y obtener el visto bueno para emprender un plan de vuelo y éste y los organizadores del eventos serían los responsables de que se cumplan las normas y de cualquier resultado.
La AAC no se encarga de investigar accidentes de paracaidistas, solo si hay un impacto con la aeronave.

Seidlitz también comprobó lo seguro de la actividad deportiva, por medio de estadísticas, si se desarrolla cumpliendo con los márgenes de seguridad.
Citó que en Estados Unidos se ejecutaron 500 mil tándem entre 2000 a 2010, con 31 fatalidades, algunas de ellas por imprudencias, mal funcionamiento y otras por problemas en el aterrizaje.
Recordó que “el único aparato que puede salvar tu vida después de tomar la decisión de saltar al vacío es lo que llevas en la espalda (paracaídas)”.
“Más vale que sepan todos los riesgos porque el paracaidismo se debe ofrecer al público como una actividad de alto riesgo”, aportó.
Los paracaídas en la parte superior tienen esa advertencia. También se refirió a nuevas modalidades y mencionó los saltos desde objetos fijos, como edificios y montañas.
“Este tipo de saltos no es regulado por la AAC porque no afecta directamente la aviación”, dijo. “Si logran los permisos de las autoridades nadie puede impedirles su vuelo”, agregó.
Von Seidlitz, quien practicó paracaidismo, fue enfático en comentar que la “decisión de saltar es personal”.
“Lo más fácil es prohibir la actividad porque alguien puede resultar muerto, pero eso precisamente es erróneo. Si nos vamos a eso, mejor que nadie vuele”, añadió.
Luis Delgado, socio de P3skydive, única empresa que se dedica al salto de paracaidismo en Panamá, asegura que como organización cumple con los máximos estándares de seguridad y que cada persona que sube a sus aeronaves debe firmar notas donde aceptan toda responsabilidad.
“Nosotros tenemos avión propio, pagamos impuestos y nos basamos en las regulaciones establecidas local e internacionalmente”, señaló.
Sus equipos y licencias son renovadas en Estados Unidos cada año.
Delgado comentó que en su compañía el piloto se encarga de volar el avión y un instructor certificado es quien autoriza el salto.
“El problema que tenemos, por ejemplo, es que cualquiera puede llegar y saltar sin ningún problema. El reglamento de Aeronáutica Civil incluye paracaidismo, pero no es revisado constantemente”, dijo.
Los saltos tienen diferentes precios.
Cruz dice que hay dos formas de aprender el paracaidismo. La primera de ellas es tomar un curso que cuesta aproximadamente 2 mil 220 dólares, que incluye clases y nueve saltos. La otra es el tándem o saltos acompañados de un instructor.
Esta modalidad tiene un costo de 330 dólares, incluye el salto acompañado, recomendaciones y el vuelo.
Generalmente el avión sube hasta los 10 mil pies, saltas en caída libre por unos minutos y luego abres el paracaídas.
‘Los paracaidistas no tienen que registrarse’, von Seidlitz
El director de Transporte Aéreo de la Autoridad Aeronáutica Civil (AAC), Carlos von Seidlitz se refirió a las regulaciones del paracaidismo en Panamá.
¿Existe alguna reglamentación y en qué consisten?
—Los saltos con paracaídas desde aeronaves, a través de las normas del Reglamento de Aviación Civil de Panamá (RACP), Libros II, X, parte I (arts. 142 al 146), XIII (todo) y XXIX, art. 109 # 12; 111 # 8.
Bajo esta reglamentación, ¿los paracaidistas deben registrarse y qué pasa con los que no lo están?
— Los paracaidistas no tienen que registrarse, no son considerados personal técnico aeronáutico y no necesitan certificación por parte de las autoridades de aviación. La AAC no regula ni registra clubes de paracaidismo. La AAC regula toda operación con aeronaves certificadas, esto incluye al paracaidismo que se realiza desde aeronaves.
¿Se podría decir que existen paracaidistas piratas, que no están certificados y que además dan servicio al público?
— No, ¿por qué? ¿Qué actividad de paracaidismo que usted conozca se ofrece bajo amenaza, intimidación para secuestrar buques o aeronaves, o se realiza en la clandestinidad? La AAC no tiene conocimiento de esto. Si se realizan, la denuncia y se presentan pruebas, con mucho gusto investigamos.
En el último incidente en Contadora se menciona que la aeronave no era HP y que los organizadores no eran avalados por ningún paracaidista local certificado. ¿Eso se puede?
—La aeronave utilizada para la operación de paracaidismo en Contadora fue debidamente inspeccionada en toda su documentación y autorizada, se trató de un DeHavilland Stol Twin Engine Otter de procedencia estadounidense, debidamente registrada, con todos sus papeles en regla y se le otorgó autorización por encontrarse en reglas de operatividad y el evento cumplir con el auspicio de la Autoridad de Turismo, Pandeportes y la AAC. No existe paracaidista local certificado que conceda avales para este tipo de operación, la autorización es exclusiva de la AAC.