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HÍPICA

Jesús Barría: ‘Seguiré montando hasta que Dios quiera’

El panameño Jesús Barría acaba de convertirse en el jinete con más triunfos en el Hipódromo Presidente Remón. Su primer triunfo fue con Rey Rogers.

Jesús Barría: ‘Seguiré montando hasta que Dios quiera’
Jesús Barría, en plena faena de la carrera en la que rompió el récord. Cortesía/Hipódromo Presidente Remón

Jesús Barría estuvo a punto de retirarse pocos días después de haber empezado su carrera como jinete profesional. Malos resultados, caídas y lesiones eran, en ese momento, claras señales de que debía abandonar su trabajo y retomar su objetivo de convertirse en abogado.

El látigo veragüense, oriundo de un pueblo llamado Los Leones, en La Mesa, narró cómo, en un abrir y cerrar de ojos, su destino cambió y su idea de ser un hombre de leyes se desvaneció.

Sin precisar el año, Barría relató que siendo un adolescente se vio obligado a emigrar hacia la capital del país para estudiar; que se matriculó en el colegio José Dolores Moscote, en Parque Lefevre, buscando graduarse de bachiller en letras, su primer paso para convertirse en un abogado. Pero en ese momento Dios quiso otra cosa.

Justo cuando estaba por decidir su futuro académico le llegó la oportunidad de convertirse en jinete –a eso se debe que diga que Dios tuvo que ver mucho en su carrera–. Para ese entonces era un muchacho de 15 años.

Barría relató que su primo Rufino tenía las ganas y todos los implementos comprados para entrar a la escuela de jinetes, pero su peso se lo impidió.

Como consecuencia, Barría fue llamado como “bateador emergente”, para reemplazar a su primo, por ser el más pequeño de la familia. “Esto no era algo que me gustara”, recordó, porque no quería abandonar su deseo de convertirse en un abogado litigante.

Por ello, trató, sin suerte, de estudiar su bachillerato en letras por las tardes. Al no encontrar disponibilidad en los colegios optó por matricularse en una carrera técnica de electrónica en el centro educativo Louis Martins, en el distrito de San Miguelito, con la esperanza de cambiarse a letras al siguiente año. “Mis planes eran otros, pero Dios lo quiso así. Fui a la escuela de jinetes y me gradué”, expresó.

“En la primera semana no gané. Los primeros años de mi carrera fueron muy difíciles, ya que aparecieron los accidentes, el primero de ellos con un caballo llamado Saltamontes; me caí y me quebré dos costillas y la clavícula, estuve fuera de la pista por cinco meses”, detalló el jinete veragüense.

“La fecha no la tengo clara, pero regresé a la pista y tuve otro accidente, esta vez en la gatera, con una yegua de nombre Niña bonita; el resultado fue una muñeca fracturada”, agregó. A raíz de esto quedó inhabilitado nuevamente y con la idea del retiro dándole vueltas en su cabeza.

Estaba listo para alejarse de la pista y de los caballos, pero hombres vinculados a la hípica lo motivaron a no rendirse.

Barría debutó en el Hipódromo Presidente Remón el 8 de diciembre de 1990, llevando las riendas de la yegua Mafi Flus. Consiguió su primer triunfo con el nacional Rey Rogers, el 16 de diciembre de ese mismo año.

Marca histórica

La historia de este manos de sedas llega a uno de sus momentos cumbre cuando el fin de semana pasado empató y superó a Manuel Ortega, hasta entonces el máximo ganador de los jinetes en el Hipódromo Presidente Remón.

La nueva marca, de 2 mil 584 triunfos, la consiguió en la primera carrera de la cartelera del sábado 28 de diciembre, montando al ejemplar Turn The Dial, propiedad del Stud Cantón, bajo la preparación de Luis A. Paz Rodríguez.

La victoria se dio en la prueba de mil 200 metros, que cubrió en 1.16.4 quintos.

Esta nueva hazaña la obtuvo tras 29 años de campaña como jinete profesional, según datos proporcionados por el Hipódromo Presidente Remón.

El pasado jueves 26 de diciembre, Barría logró el triunfo 2 mil 583 sobre Hilo Rojo, bajo los colores del Fair Grounds Stable, propiedad del Dr. José Miguel Alemán y la preparación Luis A. Paz Rodríguez de Obarrio.

Consejo

“Cuando tengo que dar un testimonio, siempre doy el mío, por los tropiezos que tuve. En este negocio hay que ser persistente porque nunca gana el mejor, sino el que tiene más compromiso con la profesión”, destacó.

Barría aseguró que “este trabajo es difícil, pero muy bonito. La gente nos critica porque no saben lo que se juega dentro de la pista, la vida de nosotros siempre está en un hilo. Tenemos que tomar decisiones en segundos y, a veces, nos equivocamos”.

“Esta es una profesión de persistencia y resistencia, aquí [al hipódromo] hay que venir todos los días para prepararnos y estar atentos con nuestro peso, los preparadores no quieren jockeys pesados”, advirtió.

El jinete reconoció que su pasión por la hípica se despertó cuando comenzó a montar para la familia Farrugia. “Fue entonces cuando mi carrera despegó”.

Extranjero

También reveló que estuvo montando siete años en Estados Unidos y por año y medio más en Arabia Saudita.

Su llegada a los hipódromos norteños también ocurrió por casualidad. “El agente de monta Chocolate Laguna llegó buscando un jinete para montar en Estados Unidos, pensé que era relajo y le dije: yo soy ese. Un mes después tuve la oportunidad de ir a Nueva York”, precisó. “Fue muy difícil, es otro nivel y yo no hablo inglés, me iba a regresar”.

No obstante, su compatriota Cornelio Velázquez le consiguió trabajo en Kentucky, hipódromo en el que ganó un par de carreras. Después, Roberto Pérez, otro jinete panameño, lo ayudó a montar en Mountaineer Park, recinto hípico en el que se quedó por tres años.

Después de sus actuaciones en las pistas estadounidenses, Barría regresó a Panamá y el látigo panameño Wigberto Ramos lo invitó a montar en Arabia Saudita. “Acepté, y el primer año que estaba montando me quebré la pierna izquierda, terminé con 12 tornillos y 2 placas de aluminio para aliviar la lesión”, rememoró.

Tuvo que volver a Panamá porque lo incapacitaron por casi nueve meses. Tan pronto se recuperó viajó a Arabia Saudita, pero ya no fue lo mismo, así que regresó a casa y para su mala fortuna una yegua le quebró la misma pierna.

45 años

“Ya tengo 45 años. Siempre le digo a mis amigos que me pueden quedar –para montar– uno o tres años, o más si me mantengo con salud”, dijo con relación a su posible retiro.

“La vida de un jinete es complicada y sacrificada. Desde que llegan los miércoles no puedes comer muchos alimentos básicos para el panameño. Además, hay carreras en días festivos, por ejemplo la Navidad y Año Nuevo, por lo que no puedes compartir con la familia”, se lamentó.

A pesar de esos sacrificios, Barría aseguró que “mientras que Dios me dé salud y tenga el apoyo de los preparadores seguiré montando. Podrían ser cinco años más, por el momento no lo sé”, remarcó.


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